Domingo IV de Adviento

Cicle: 
B
Temps: 
Advent
Domingo, 24 Diciembre 2017
P. Josep Vilarrubias Codina, cmf

Que se cumpla en mí tu Palabra

El camino del Adviento nos ha ido llevando hasta este cuarto domingo, víspera de Navidad. María nos ha ido acompañando y hoy se nos presenta en el momento de recibir el anuncio del Ángel:

Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.

Es el momento más crucial de la historia de la humanidad y del universo. El Señor viene a visitarnos y, no ya por la voz de profetas y sabios, sino que la Sabiduría eterna del Padre tomará nuestra forma humana para mostrarnos al Padre, caminar con nosotros y salvarnos.

Gabriel, mensajero del Señor, se presenta a la chica María de Nazaret y la saluda: Alégrate (Ave en latín, Haire en griego, Shalom en hebreo. En catalán: Déu vos guard). Agraciada a los ojos del Señor, invadida del amor gratuito de Dios. Tiene ganado el corazón de Dios, Dios está con ella.

¡No temas, María! Ella se sorprende, un poco asustada. No temas. Es la palabra tranquilizadora que habían sentido en toda la historia de Israel los hombres y mujeres que recibieron de alguna manera la vista de Dios. No tengan miedo, es la palabra que María ha retenido para nosotros: no tengan miedo, que el hijo de Belén no viene a reprocharos nada sino que os quiere liberar de todos los miedos, de todas las oscuridades, de todas las culpas. Siempre que se os acabe el vino en la fiesta él convertirá vuestra agua en vino.

María escucha con el corazón la voz del mensajero. Pero queda perpleja, no sabe qué decir; ¿cómo será eso si ella es virgen?: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra.

María sabe bien lo que había significado el arca de la alianza, presencia del Señor con el pueblo que caminaba por el desierto: una nube lo cubría de día para hacerle sombra y de noche para dar luz. ¿Cómo podía imaginarse aquella muchacha de Nazaret que Dios la destinara a ser el Arca de una Alianza nueva y eterna? El Espíritu Santo de Dios la cubrirá con su sombra, y de ella hará la madre del Mesías, la Madre de Dios.

La palabra del Ángel es respuesta a la objeción de María con el tema de la maternidad virginal. Pero no nos quedamos aquí. Ella nos acompañará al fondo de la cuestión: la obra del Espíritu Santo en María es que el Verbo Eterno de Dios se haga uno de nosotros. Ella lo concebirá y será la madre, la madre de Dios.

Felicitamos a María por su Maternidad Divina, porque a ella se le confió el proyecto salvador de Dios y para que con su intercesión también nosotros recibiremos el Espíritu Santo de manos de Cristo Resucitado: "Recibid el Espíritu Santo, yo os envío". El Espíritu Santo será la nube de nuestro desierto que nos defenderá, nos iluminará y nos enviará.

Y la virgen María, a todo esto, responde:

He aquí la esclava del Señor: Hágase en mí según tu palabra.

Ella responde a Dios reconociendo que es su humilde esclava, la servidora incondicional, totalmente disponible a la voluntad de Dios, a su Palabra.

Ella se convierte así en modelo y madre de los creyentes, modelo y madre para nuestra fe, nuestro caminar pesado pero ahora no a oscuras, porque: El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz: La Luz de la Navidad.

No sabría terminar este comentario sin recordar que cada día nosotros saludamos a la Madre de Jesús una y otra vez:

• con el mismo saludo que le llegó de Dios: Dios te salve María, llena de gracia, el Señor está contigo…

• y añadimos el saludo exultante que pocos días después le haría una anciana mujer de montaña, su prima Isabel: Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre. Es "una doble piropo" que le llega de una voz humana. Una voz que nos representa a todos. Por eso al rezar el Ave-María la saludamos con el saludo de Dios y de la humanidad.

• Nuestra familia la Iglesia siempre ha proclamado a María como la Madre de Dios: ¡Santa María, Madre de Dios! La Virgen que lo es todo para nosotros: La Virgen en sus santuarios y ermitas, en nuestras exclamaciones, en el corazón... ¡Santa María, Madre de Dios!

• Desde las tradiciones más antiguas nos llegan los iconos de la Teotokos ("la que engendra a Dios"): la Virgen. Y recordemos que el tema central de estos iconos es Jesús, la Sabiduría de Dios. Y María es su trono.

• Yo y todos los que rezamos el Ave María somos bien poquita cosa: pecadores y mortales. Así que al saludarla le decimos que ruegue por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte.

Que tengáis una FELIZ NAVIDAD en compañía de la Madre que "guardaba todo esto en su corazón, y lo meditaba”.

Tipus recurs pastoral: