Domingo XXX del tiempo ordinario

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B
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Durant l'any
Domingo, 28 Octubre 2018
P. Josep Vilarrubias Codina, cmf

Señor, tú eres la luz de nuestros corazones

- Jesús, Hijo de David, ¡ten compasión de mí!
- Ve, tu fe te ha salvado.

Con esto ya tendríamos suficiente. Pero es que Marcos lo presenta con un relato lleno de ternura y de fuerza. Se nota la intención catequética de animar a sus destinatarios, a confiar en situaciones de oscuridad y de ceguera. Una llamada a confiar en Aquel que es la Luz, a pedirle de ver, a saltar de gozo y hacer camino con él.

En la caminata de Galilea a Jerusalén seguramente que siguieron la ruta del Jordán la que acostumbraban a hacer los galileos para evitar el paso por la peligrosa Samaria. Habían llegado a Jericó, la ciudad emplazada en un inmenso oasis del desierto y ubicada a 200 metros bajo el nivel del mediterráneo. Las aguas que brotan abundantes al pie de altiplano del desierto de Judea nutren la frondosidad del oasis de Jericó.

Ahora Jesús con los discípulos, dejan la ciudad y enfilan la pesada subida desértica hacia la Ciudad Santa que se sitúa a unos mil metros de desnivel sobre Jericó. Es el camino de la parábola del buen Samaritano.

A la salida de la población les sigue una multitud de gente. Sentado en el borde del camino un pobre mendigo ciego siente el rumor, le dicen que está pasando Jesús de Nazaret. Y aquí comienza el relato:

- Un ciego mendigo que se sienta en el borde del camino siente un rumor de gente.
-El hombre ciego pregunta qué sucede.
Le dicen: Está pasando Jesús de Nazaret.
- El ciego se pone a gritar: Jesús, hijo de David, ¡ten compasión de mí!
- Le regañan, pero el hombre insiste: Jesús, hijo de David, ¡ten compasión de mí!
- Jesús se detiene y dice: llamadlo.
- Dicen al ciego: el Señor te llama.
- Los que se sentían molestos por los gritos del ciego ahora lo animan: "¡ánimos! El Señor te llama.
- Él que sí, se deshace del manto, da un salto y se va.
- Jesús lo mira y le dice "¿Qué quieres se mi?
- Maestro, ¡que pueda volver a ver!
- Anda, ve, que tu fe te ha salvado.
Al momento recobró la vista y lo siguió.

Te invito, amigo, a que te pares en cada uno de estos detalles, todos muy significativos y que pueden tener mucho que ver entre tú y Jesús. Nuestras cegueras, el paso de Jesús, la confianza en él. ¿Qué quieres que haga? Señor, ¡que vea! Él te ilumina la mirada del corazón y tú lo sigues, ahora lo ves más de cerca...

Pagola nos recuerda que hoy se siente mucho griterío incluso en las comunidades, entre críticas, protestas, activismos, controversias, descalificaciones... ¿No será, que no se siente suficientemente la oración humilde y confiada del ciego?

Esto cambia si cada uno de nosotros toma nota, se quita la capa de encima y se pone en situación humilde y confiada de reconocer las propias cegueras y de abrirse a la Luz.

¿No será por eso que cada semana tratamos de abrirnos a la Luz de Jesús y nos encontramos con nuevos descubrimientos que nos ayudan a caminar cada día más a la luz?

Una sugerencia: te invito a hacer silencio de vez en cuando, silencio de lo que te rodea, silencio de las sensaciones y preocupaciones y acompasadamente, al ritmo del respirar, vas diciendo:

Señor, ¡que vea!

El ciego no podía ver a Jesús pero supo escuchar las palabras de aliento de las personas cercanas: "Anímate, ven, que el Señor te llama". El caminar en una religiosidad de costumbre y convencional nos hace ir perdiendo visión. Por eso nos va bien y nos anima oír voces diferentes, con sugerencias innovadoras inspiradas en el Evangelio. ¿No es verdad que cuando oímos la voz del Papa Francisco que nos sale con expresiones inesperadas y sorprendentes, sentimos que la vista se nos aclara, que aceptamos de quitarnos de encima la capa aislante y seguir a Jesús más de cerca?

Hay una canción repetitiva de Taizé que dice: "Señor, tú eres la luz de nuestros corazones".

Tipus recurs pastoral: