Domingo XXXI del tiempo ordinario

Cicle: 
B
Temps: 
Durant l'any
Domingo, 4 Noviembre 2018
P. Josep Vilarrubias Codina, cmf

El amor a Dios incluye el amor al próximo

Hoy nos encontramos con el "Xema ISRAEL". Si vais a un barrio judío aún hoy veréis en los montantes de las entradas familiares unos tubitos bien sujetos. Dentro está el Xema Israel. Cada día los judíos fieles lo recitan por la mañana, por la tarde y al acostarse. Es un fragmento cimero del Deuteronomio. Este libro el quinto del Pentateuco es como una extensa meditación en torno a la relación entre Dios y su Pueblo en el camino desde la esclavitud de Egipto hasta la posesión de la Tierra Prometida. Se presenta en forma de discursos de despedida de Moisés, aunque fue escrito mucho más tarde poco tiempo antes de la deportación a Babilonia.

Nos encontramos en el corazón de la alianza entre Dios y el Pueblo:

"Escucha Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor es el único. AMA AL SEÑOR TU DIOS CON TODO EL CORAZÓN, CON TODA EL ALMA, CON TODAS TUS FUERZAS. Guarda en tu corazón los mandamientos que hoy te doy".

- Es una llamada a escuchar, atentos, con el corazón. Hoy Jesús es el Nuevo Moisés y la Iglesia es el Pueblo de Dios, el Nuevo Israel, la comunidad de los seguidores de Jesús. La llamada a escuchar se dirige a todo el Cuerpo de Cristo, la Iglesia. Sí que es una llamada de Dios personalmente a cada uno de nosotros pero debemos recordar que nuestra escucha y nuestra respuesta lo es como miembros del Cuerpo de Cristo. Con nuestro amor personal al Señor vitalizamos el amor de toda la Iglesia.

- En sentido bíblico "escuchar" expresa una adhesión gozosa, de obediencia filial, de escucha entusiasta a la propuesta principal de Dios, es decir, la de amarlo "con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas".
- Estamos llamados a convertirnos a un amor total, un amor modelado según el amor de Jesús: el Amor que Dios el Padre nos tiene, nuestra entrega a Él. Amor que no se queda en palabras sino que se vive y se expresa ante quienes necesitan nuestra misericordia.

Nuestra escucha tiene apellidos:

- escuchar en el silencio la voz interior, corazón adentro, reconociéndonos tal como somos, también en lo que no nos gusta, y ofreciéndonos así al Señor;
- escuchar al Espíritu que dentro de nosotros pone luz a la oscuridad para descubrir el sentido de las Escrituras;
- escuchar el corazón de los hermanos que el Señor nos pone en el camino y poner hechos con el espíritu del Evangelio.

Todo esto por delante. Vamos al Evangelio: los maestros de la ley de Israel en el afán de dar respuestas precisas sobre las leyes religiosas llegaban a contar 613 mandamientos. Dentro de este contexto los saduceos, herodianos y fariseos habían intentado repetidamente hacer caer a Jesús en contradicción para poder acusarlo y sentenciarlo. No todos estaban en contra de Jesús. Tenemos el caso de Nicodemo. Esta vez uno de los escribas le preguntó con buena voluntad cuál era el más importante entre todos los mandamientos. La respuesta de Jesús es directa: "Escucha Israel, el Señor nuestro Dios es el único. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu pensar, con todo tu ser".

Pero el amor a Dios, como en Jesús incluye el amor al próximo. Y Jesús a renglón seguido le añade. "El segundo mandamiento es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo".

El Escriba respondió con alegría manifestando su total acuerdo. Y Jesús lo felicitó: no estás lejos del Reino de Dios.

A ti y a mí nos gustaría poder sentir su felicitación: No estás lejos del Reino de Dios. Lo podemos percibir en la voz interior si estamos decididos a que Dios sea para nosotros el Único, que todos nuestros ídolos sean desbancados del corazón. Y que este Dios único sea para nosotros DIOS-AMOR.

Que el Espíritu de Dios haga más que nosotros.

Esto si nosotros nos ponemos: ¡que escuchemos y amemos!

Tipus recurs pastoral: