Domingo XXXIII del tiempo ordinario

Cicle: 
B
Temps: 
Durant l'any
Domingo, 18 Noviembre 2018
P. Josep Vilarrubias Codina, cmf

El Espíritu nos quiere urgir a la vigilancia, la confianza, el trabajo

"Mirad la higuera y aprended la lección…".

Hoy tenemos la última lectura del evangelio de Marcos en este año litúrgico. Nos pone en consideración el fin de todo: del universo, del mundo, de Jerusalén, de cada uno de nosotros. Es un tema que se presenta en lenguaje apocalíptico, con signos grandiosos y abrumadores: "aquellos días el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo y los seres que dominan allá arriba temblarán".

No nos podemos quedar aquí. Todo esto dejará el terreno limpio para la venida de Cristo que llegará "con poder y majestad" para un cielo nuevo y una tierra nueva.

Lo que se nos propone es saber soportar las tormentas de la vida sabiendo que al final llegará el arco Iris con la bonanza.

El Señor anunció el fin del mundo sobreponiéndose a la destrucción de Jerusalén, que tendría lugar poco tiempo después, en el año 70: Os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto se haya cumplido".

Este mensaje sobre el final nos pone ya de cara a las puertas del nuevo Adviento: a la espera de la Venida del Señor en la Navidad. El Adviento/Navidad que pondrá una nueva luz para el resto de nuestra vida caminando hasta la llegada cuando Él nos acogerá en su Fiesta.

Pero antes, el próximo domingo, el último de este año litúrgico celebraremos la realeza del Señor Jesús lo que llegará a final del tiempo "con gran poder y majestad".

Ciertamente en nuestra vida personal, como en la historia del mundo, habrá momentos de gran angustia en que la luz del sol se oscurecerá... pero la perspectiva siempre será la persona de Jesús, Luz de Dios que ahuyenta las tinieblas. Esta es la perspectiva luminosa de futuro, la alegría de la Buena Nueva que aparece incluso en el discurso apocalíptico de Marcos. Esto debe marcar nuestra manera de ver las cosas en un tono optimista y esperanzador. Llegará el momento en que la higuera, como símbolo del pueblo de Israel, sentirá reverdecer las ramas tiernas y aparecerán los rebrotes de la Nueva Vida. Es bueno, pues, que miremos al futuro con ojos esperanzados, que nuestra vida esté orientada hacia el encuentro con Jesús, nuestro Salvador.

La vida es una peregrinación. Quien peregrina ve siempre por donde va pero con la mirada del corazón no pierde de vista, el término feliz del camino.

Con todo este discurso el Espíritu nos quiere urgir a la vigilancia, la confianza, el trabajo.

Lo que cuenta no es el cuándo y el cómo sucederá el final, ni para el cosmos, ni para la humanidad, ni para cada uno de nosotros, sino el vivir ahora preparados, en conversión continuada en el evangelio, para que cuando esto llegue nos encuentre listos para ser admitidos en su gozo eterno.

Las cosas que deben suceder al final del tiempo y al final de nuestra vida nos están sucediendo ya un día tras otro. Nuestro futuro está ya en nosotros, en el camino que ya vamos haciendo.

Estas lecturas, pues, no pretenden angustiarnos sino hacernos vivir en la paz del que camina hacia la victoria y la salvación.

Y nos invitan a caminar en la vigilancia, en la serosidad del camino, a fin de estar ya ahora preparados al encuentro con Él, sea cuando sea.

Tipus recurs pastoral: