Domingo IV de Adviento

Cicle: 
C
Temps: 
Advent
Domingo, 23 Diciembre 2018
P. Jaume Sidera Plana, cmf

María proclama la grandeza de Dios porque se siente amada

1.- Hoy casi completamos el Belén que vamos preparando durante el adviento, con la figura de María. María de Nazaret recorre unos 144 kms para visitar a su parienta Elisabet. Quiere compartir con ella el gozo de la esperanza que llena a las dos. Valiente y generosa, ella.

2.- Lucas describe esta visita con alusiones al episodio del rey David cuando, saltando y danzando, acompañaba con todo el pueblo el arca de la alianza hacia su ciudad. Un incidente desagradable le hizo exclamar: ¿Cómo puede entrar en mi palacio el arca del Señor? Y la hizo transportar a casa de Obed-Edom que se benefició de grandes bendiciones de Dios, durante los tres meses que la acogió. Fijémonos: David danzando. Tres meses. El arca de mi Señor. ¡Cómo resuenan estos elementos en la narración del evangelio de Lucas!

3.- María saluda Elisabet y la llena de alegría. El niño que ella espera salta a sus entrañas, y llena del Espíritu Santo, felicita a María gritando a brazo partido: «Eres bendecida entre todas las mujeres y es bendecido el fruto de tus entrañas”. Los cristianos hemos juntado esta felicitación al saludo del ángel Gabriel y hemos compuesto el Ave María: Alégrate, la agraciada. El Señor está contigo. Bendita y bendito tu Hijo.

4.- Elisabet aplica en María el mayor título que se puede atribuir a una persona: La Madre de mi Señor. Y a la vez enuncia la primera bienaventuranza del evangelio: Dichosa tú porque has creído, te has fiado de Dios. Si el título de Madre del Señor nos la pone lejos de nuestro alcance, el título de creyente la pone a nuestro nivel.

5.- Gracias a la fe, todos los cristianos podemos compartir la bienaventuranza de María. Si escuchamos la Palabra de Dios y la cumplimos, seremos hermanos, hermanas y madres de Jesús. Él nos lo dirá más adelante.

6.- María prorrumpe en un canto de alabanza: proclama la grandeza de Dios que se ha fijado en ella no porque fuera sabia o santa o guapa o poderosa o rica sino porque, siendo tan pequeña, se siente tan amada, ella que ocupa el grado más bajo de la escala social de Israel. Y está contenta y lo celebra porque en Ella Dios ha mostrado descaradamente sus preferencias por los más pobres y humildes.

7.- De hecho el Mesías no nacerá en un aposento lujoso de la capital de Israel sino en un pueblecito demasiado pequeño para figurar entre las ciudades de Judá. Un origen tan humilde como el de David que era el más pequeño de los hijos de Isaí y hacía el oficio de pastor.

8.- Cuando entra en este mundo, Cristo entra sin nada: en la máxima pobreza. No puede ofrecer sacrificios costosos que sólo los ricos podían ofrecer: corderos y terneros y ofrendas preciosas. No tiene nada. Sólo su humanidad. No teniendo nada a ofrecer, se ofrece a sí mismo. Así anula todo el régimen cultual antiguo y nos enseña el único culto que agrada a Dios. Nos hace a todos sacerdotes como él. Hermanos, -dirá san Pablo- por la misericordia de Dios, os exhorto a ofreceros como sacrificio vivo, santo y aceptable a Dios: sea este vuestro culto espiritual.

9.- ¿Cómo prepararemos pues la Navidad? Como María, la creyente y por eso escogida para ser la Madre del Señor. Escuchando la palabra de Dios y cumpliéndola se ha habilitado para ser la presencia de Dios en el mundo. El Espíritu Santo hará en nosotros lo mismo que ha obrado en María si nos encuentra con las disposiciones de fe, humildad y generosidad de María. Espíritu Santo que formaste a Jesús en María, forma a Jesús en nosotros.

10.- Que santa María nos enseñe y nos ayude a hacer de nuestra vida una ofrenda a Dios y los hermanos como ella.

Tipus recurs pastoral: