domingo V del tiempo ordinario

Cicle: 
C
Temps: 
Durant l'any
Domingo, 10 Febrero 2019
P. Jaume Sidera Plana, cmf

Para seguir a Jesús hay que ir ligero de equipaje

1.- Hoy se tata de vocaciones. San Pablo, al saludar en su carta a los romanos, escribe: Pablo, siervo de Jesucristo llamado a ser apóstol, o apóstol por vocación. Invertirá su vida de esclavo o siervo de Jesucristo en darlo a conocer y amar en todo el mundo entonces conocido. Y en fundar y acompañar las comunidades cristianas que él inicio.

2.- También nosotros, desde el bautismo somos llamados a servir a Jesús conociéndolo y dándolo a conocer, amándolo y haciéndolo amar dondequiera que nos encontremos. Es un privilegio que tenemos gracias al honor inmerecido de ser bautizados.

3.- Isaías también se sintió llamado por Dios. Participaba en una celebración litúrgica fastuosa como eran las celebraciones del templo de Jerusalén: sonido de cuernos y de trompetas, cánticos fervientes y un ambiente perfumado entre nubes de incienso. De pronto se sintió conmovido como nunca. La nube de incienso lo introdujo en el misterio de Dios “escondido”. Y entre el clamor de las trompetas escuchó el canto de los serafines: Santo, santo, santo. El trisagio, (=tres veces santo, Santísimo) que cantábamos antes como devoción popular y siempre en cada misa. El tres veces santo. Santísimo.

4.- Isaías intuyó la trascendencia, la grandeza y el “todo otro” de Dios. Y con ello experimentó su pobreza y su poca transparencia ante la santidad, la pureza y belleza de Dios. No osaba abrir la boca, hasta que el serafín, purificándole con una brasa la boca lo habilitó para hablar con Dios y de Dios

5.- Entonces, de la boca del Santísimo, trascendente y suficientísimo, escuchó una pregunta intrigante: “¿Quién irá de nuestra parte?» ¿Dios me necesita? Isaías no se lo pensó dos veces. Respondió: «Aquí estoy, mándame». No duda ni discute. Hace como Abrahán. Otras invitaciones de Dios son recibidas con indecisión o pidiendo explicaciones como Moisés y como María. Dios siempre cuenta con la libertad de la persona. Y no le duele dialogar y dar explicaciones.

6.- También Jesús necesita colaboradores para realizar su misión. No da abasto. La gente se le echa encima, lo estruja. ¡Cómo escucharíamos boquiabiertos la palabra que manaba de labios de Jesús! Ahora Jesús necesita relajarse un poco. “Pedro, boga lago adentro, echa las redes para pescar”. Él se hace un poco el remolón. Jesús habla muy bien. Pero de pesca... seguro que Pedro entiende más. Toda la noche bregando sin sacar nada. Pero ya que lo dices...

7.- Pedro se asusta. La aparición de un fenómeno divino le hace ver su pobreza y su indignidad. Se siente amenazado. No es posible ver a Dios sin morir, se decía entonces. ¡Y él lo ha visto! Pero pecador y todo, Jesús lo llama a ser compañero suyo. Mientras Simón suplica al Señor que se aparte de él, Jesús se le acerca más y lo anima: No tengas miedo. Tranquilízate. Tengo algo importante que decirte: “Desde ahora serás pescador de hombres».

8.- Atracan las barcas en tierra, se van con Jesús. Y lo dejan todo. Para seguir a Jesús hay que ir ligero de equipaje... Más que dejarlo todo, lo que hacen los cuatro pescadores, es ponerlo todo a disposición de Jesús y al servicio del Reino: la barca, la casa, todo lo que son y tienen. Dejan de ser “suyas” para ser “nuestras”, para el bien de la comunidad.

9.- Los apóstoles empiezan anunciando la gran noticia: JESÚS VIVE y está presente entre nosotros. Formularán por primera vez lo mismo que tan a menudo recitamos nosotros: Padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, es decir, murió verdaderamente. Resucitó al tercer día y está sentado a la derecha de Dios Padre… Comparte el poder salvador de Dios.

10.- Desde siempre, la Iglesia transmite el mismo mensaje, testificado por Pedro, los Doce, por Santiago, por más de 500 cristianos y concentrado en un símbolo. Todos los testigos de Cristo resucitado proclaman el mismo mensaje y todos los fieles profesamos la misma fe.

11.- Jesús no es un personaje del pasado, sino ALGUIEN que vive en medio de nosotros cuando nos reunimos en su nombre. Se nos hace visible en el Pan y el Vino de la Eucaristía y en los otros sacramentos. Jesús y nosotros formamos un solo Cuerpo. En nosotros Jesús se hace presente en el mundo y continúa pasando haciendo el bien. Somos su sacramento, el signo visible de su presencia invisible.

Tipus recurs pastoral: