Domingo VI del tiempo ordinario

Cicle: 
C
Temps: 
Durant l'any
Domingo, 17 Febrero 2019
P. Jaume Sidera Plana, cmf

Jesús en nosotros hace visible su presencia en el mundo

1.- El profeta Jeremías y el salmo proclaman la felicidad del que se apoya en el Señor. Averigua la voluntad de Dios expresada en la historia, en la comunidad cristiana y a lo largo de la propia vida. Dios no falla nunca porque nos ama y está siempre de nuestra parte.

2.- Jeremías y el salmista nos enseñan a tratar a las personas cómo son y a no exigirles más de lo que pueden dar. Son tan débiles como nosotros y pueden fallar o bien porque no saben más o bien porque después de soñar y jurar un amor y una fidelidad eternos pasado mañana se cansan y te abandonan. No podemos esperar de una caña la firmeza de una barra de hierro.

3.- Personas de quienes no nos podemos fiar son las encerradas en el caparazón de su egoísmo. Sólo viven para ellas y son la medida de todas las cosas. Ellos contentos, todo el mundo contento. Ellos hartos todo el mundo harto. Reproducen el modelo del rico “epulón” del evangelio. Nunca ha visto al pobre Lázaro mendigando a su puerta. Las cuatro migajas que le caen de la mesa, le parecen un exceso de generosidad. El perro que lame las heridas del mendigo, tiene mejor corazón que el Epulón.

4.- En el evangelio de hoy, san Lucas sintetiza las bienaventuranzas en cuatro aspectos del empobrecimiento: la pobreza, el hambre, las lágrimas y la persecución. La pobreza que es fruto de la injusticia es contraria al querer de Dios. Jesús declara felices a estos pobres, porque Dios opta descaradamente por ellos y quiere hacer desaparecer esta situación injusta implantando su reino o proyecto que cristaliza en la justicia. Pero el hambre no desaparecerá por arte de encantamiento sino tras lucha larga y lenta a favor de la justicia social con todas sus exigencias.

5.- El otro aspecto del empobrecimiento son las lágrimas, como símbolo del dolor, de la marginación, de la impotencia ante una realidad cada vez más cruel y escandalosa para el empobrecido. El día que se realice el proyecto de Dios, su reinado, las lágrimas se convertirán en alegría y gozo. Cómo dice el salmo 126: Al ir iba llorando llevando el saco de la semilla; al volver vuelve cantando trayendo sus gavillas.

6.- Este nuevo orden de cosas querido por Dios no saldrá de balde. Jesús nos alerta: si nos lo tomamos a pecho, tendremos que soportar situaciones violentas, la persecución y el dolor. En efecto, casi siempre, por no decir siempre, los acaparadores y mantenedores del orden injusto reaccionan con la fuerza, con la violencia, con la difamación, la cárcel y no retroceden ante la eliminación física. Porque los que se oponen radicalmente a compartir los bienes materiales e inmateriales, culturales y espirituales que poco a poco han ido arrebatando al pueblo y que obstinadamente los retienen como propios y exclusivos, no sueltan fácilmente la presa.

7.- Es el precio que se paga por la lucha y la búsqueda de la justicia y la equidad. Pero quien soporta con brío estas contradicciones experimentará el gozo de estar en sintonía con la preocupación del Padre y de Jesús por la justicia.

8.- Después de las bienaventuranzas Jesús pronuncia unos ¡Ayes! tremendos: ¡Ay de la actitud mezquina de quienes han puesto el sentido de su vida en las posesiones, en los bienes; de los que se hartan, consumen y consumen ignorando al indigente, de los que disfrutan y se lo pasan bien a expensas de los demás; de los que viven de la fama lisonjera.

9.- En Nazaret Jesús proclamó el año de gracia del Señor: el año jubilar en favor de los pobres, de los presos y cautivos, de los ciegos y marginados. Y la Madre de Jesús que experimentó la pobreza y la marginación proclamó admirada la inversión de situaciones que Dios ha realizado en ella: Dios ha hecho sentir la fuerza de su brazo, dispersando a los hombres arrogantes, destronando del trono a los potentados y enalteciendo a los humildes. Ha colmado de bienes a los hambrientos y despachado a los ricos con las manos vacías.

10.- Si invertimos nuestra vida como Jesús en favor de la paz, la libertad y la justicia también resucitaremos y reinaremos con Él. La resurrección de Jesús da firmeza y flexibilidad a nuestra esperanza y llena de sentido nuestra vida. Recordémoslo a menudo. Somos miembros de Cristo y formamos su Cuerpo. Jesús en nosotros hace visible su presencia en el mundo. Y hagamos nuestras las causas de Jesús. "Mis causas –escribe el obispo Casaldàliga– valen más que mi vida, porque son las causas las que dan sentido a la vida. Una vida sin causas es una vida pobre, triste y vacía”.

Tipus recurs pastoral: