Domingo I de Cuaresma

Cicle: 
C
Temps: 
Quaresma
Domingo, 10 Marzo 2019
P. Josep Vilarrubias Codina, cmf

Ante las pruebas Jesús responde siempre según la voluntad del Padre, su Palabra

Ya estamos en la Cuaresma. En el horizonte del camino cuaresmal tenemos a la vista el Misterio Pascual de la Muerte y Resurrección del Señor, encumbrado con el don de Pentecostés el Espíritu Santo.

Para iniciar la reflexión sobre la Cuaresma no sabría hacerlo de otra manera que señalando al Espíritu Santo como animador del camino cuaresmal hacia la Pascua.

Lucas nos dice que el Espíritu Santo condujo a Jesús por el desierto.

Desde este momento hasta Pentecostés, y desde Pentecostés hasta nuestros días, el Espíritu Santo de Jesús será el alma de todo. Ya en el comienzo, en el Anuncio a María, Lucas nos hace saber que la Encarnación del verbo del Padre es obra del Espíritu Santo. Ahora el mismo Espíritu que conduce a Jesús en el desierto, es quien en el Bautismo lo ha ungido.

El Espíritu Santo es el don interior que hemos recibido en el bautismo y que se manifiesta actuando en la medida que nosotros nos abrimos.

El Espíritu Santo de Jesús es como un receptor y difusor instalado en nuestro interior, que nos hace captar, entender y difundir el mensaje de la Palabra de Dios. El Espíritu Santo es el espíritu filial de Jesús, que nos hace decir en el corazón y en la comunidad: ¡Abbá, Padre!

Es aquí donde capto el mensaje cuaresmal que nos desplegaba el pasado Miércoles de Ceniza en los tres ámbitos de la vida creyente: la oración, la caridad y la austeridad cristiana vividos no ostensivamente y de cara a la galería, sino en la intimidad con el Padre que está en el secreto:

–      En la oración no hagáis como los hipócritas... Tú, cuando quieras orar, enciérrate con llave y te encontrarás con el Padre que está en tu intimidad.

–      Cuando ayudes a los demás que no sea a toque de trompeta, hazlo por tu Padre que ve en lo secreto y él te escuchará.

–      Cuando hagas ayuno, lávate bien, perfúmate, ponte guapo para que el Padre reciba tu esfuerzo como una ofrenda hecha personalmente a él.

Por ahí va nuestra conversión cuaresmal que nos ha de afinar para captar y vivir los Misterios de la Pascua. El Espíritu Santo nos acompaña y nos lleva. Pidámosle y agradezcamos que nos haga vivir dispuestos y sedientos del Don Pascual.

La Cuaresma son cuarenta días, como Jesús, en el desierto. Cuarenta días que evocan los cuarenta años del pueblo de Israel en su travesía por el desierto ve la Tierra Prometida.

Jesús en el desierto. Nosotros en el desierto. El desierto es un camino de pobreza, de austeridad, de sinceridad, de purificación: el desierto purifica. El desierto interior nos sitúa ante la zarza ardiente donde el Señor se manifiesta: ¡Descálzate, que esta tierra que pisas es santa!

La experiencia de desierto es como la prueba del fuego que purifica el oro, lo libera de la quincalla. La prueba tiene un nombre: la tentación. Tentación significa prueba.

Jesús fue probado en las tentaciones que leemos en los evangelios:

–      Si eres hijo de Dios haz que esta piedra se convierta en pan. Ante la tentación Jesús responde con la Palabra de Dios: El hombre no vive sólo de pan. Para vencer el hambre él no se deja engañar por el regusto de hacer una maravilla en su favor. Un día la hará a favor de los demás: compasión de la gente hambrienta y sin recursos los nutrirá a todos con cinco panes y dos peces.

–      ¡Adórame, y todo este mundo que estás viendo será tuyo! Se le ofrece un poder y una gloria espectacular. Pero la grandeza de Jesús no debe ir por ahí. Ha venido no para ser servido sino para servir hasta el extremo de entregar la vida. Un servicio tanto más comprometido como más empobrecidos, humillados y marginados sean sus hermanos.

–      Si eres hijo de Dios, tírate abajo de esta cornisa del templo y tendrás los ángeles para detener el golpe, y todo el mundo te aplaudirá. Pero no, él no organizará un espectáculo para hacerse ver. Se dedicará, eso sí, a poner signos de bondad para liberar del sufrimiento, las enfermedades, la conciencia rota de las personas.

Notamos como ante las pruebas Jesús responde siempre según la voluntad del Padre, su Palabra.

El diablo se alejó de él en espera de otra oportunidad.

Las tres tentaciones en el desierto apuntan a todo el tiempo de Jesús: hasta su muerte será probado de diversas maneras, con el entusiasmo de las multitudes, con el enfrentamiento y persecución de los hombres religiosos, con la superficialidad de los discípulos, con los sufrimientos, con el abandono de seguidores, con las humillaciones, con la muerte de cruz...

Necesitamos todavía captar la grandeza de un amor de Dios que se hace hombre y comparte las situaciones más humanas, las limitaciones, e incluso las tentaciones; nuestras tentaciones.

El Espíritu y la Palabra hacen en nosotros lo que decimos tan a menudo en el Padrenuestro: no nos dejes caer en la tentación.

Para captar más adentro el mensaje del evangelio nos prepara la primera lectura: nos recuerda que todo viene de un proyecto amoroso de Dios al que nuestros padres y nosotros hemos sido incorporados.

El Salmo es un canto de agradecimiento y de alabanza: ... tú que vives en amparo del Altísimo... di al Señor: "eres la muralla donde me amparo, mi Dios en quien confío".

Y en la carta a los Romanos Pablo nos invita a mirar dentro de nosotros allí donde anida la fe en Jesús Resucitado, la fe es la palabra que llevamos en los labios y en el corazón.

Tipus recurs pastoral: