Domingo de Ramos

Cicle: 
C
Temps: 
Quaresma
Domingo, 14 Abril 2019
P. Jaume Sidera Plana, cmf

Jesús se hace obediente hasta la muerte en cruz

1.- Entramos en la Semana grande: grande para Jesús y grandísima para nosotros. Como pórtico de estos días, centrémonos en la carta de san Pablo a los Filipenses: Cristo obediente. Es la clave para comprender los grandes misterios –¡la revelación!– de Cristo y del cristiano.

2.- San Pablo está preocupado por la paz, la armonía y el dinamismo de la comunidad. Y les propone un modelo: Jesús. Teniendo una conciencia muy viva de lo que somos como cristianos y una capacidad de ponernos al servicio de los hermanos, como Él.

3.- Jesús participa de la divinidad del Padre y del Espíritu Santo. Pero no lo considera un bien que ha de defender con uñas y dientes. No es como Adán que aspira a ser como Dios.

Y empieza despojándose de todo: el esplendor, el poder y la grandeza que atribuimos a la divinidad. Y de rechazo nos da una nueva imagen de Dios. Se anonadó, se vació hasta tomar la condición de esclavo. En nuestro mundo hay muchos escalones en la escala social. Él elige el peldaño más bajo: el ocupado por los desechos humanos. Muchos no tienen ni la apariencia humana. Son como gusanos. Pero yo soy un gusano, no un hombre, afrenta de la gente, despreciado del pueblo (Sl 22, 7). Hasta el gusano humano más despreciable contiene una chispa de Jesús, es Jesús.

4.- Hecho hombre como nosotros, se comporta como un hombre cualquiera: participa en el culto, en el taller de carpintero, trata con todo el mundo, hace el bien a todo el que lo necesita. Y perdona siempre. No se venga nunca. Y ora. Ora para conectarse con el Padre, ora a menudo: en el bautismo, en el desierto, antes de la elección de los apóstoles, en el Tabor, en Getsemaní. Y para buscar su voluntad en lo que vive: no tienen vino, mi hija... Y en la insinuación de María y en la fe de la cananea ve la señal para actuar en Caná o en tierra de paganos. Viendo el sol y oyendo llover ve la generosidad de Dios con todos sin distinción: buenos y malos. Y aprende a conversar con quien sea, a compartir la mesa con pecadores y gente de mala vida... Y ora en la cruz: Padre, perdónalos. Padre, en tus manos... Y hace la grande promesa: Hoy estarás conmigo en el paraíso.

5.- Y llegó hasta el nivel más bajo, a nivel de tierra para que los más pequeños lo pudieran reconocer como un igual. Los que se creen grandes no lo comprenderán. Son demasiado rígidos, han perdido la flexibilidad del niño, incapaces de agacharse al nivel de Jesús.

6.- Y lo hace por obediencia al Padre. La obediencia de Jesús consiste precisamente en encerrar toda la grandeza de Dios dentro de la estrechez de la condición humana. Ni más arriba ni más abajo. Nos enseña prácticamente la inmensa potencialidad del hombre y de la mujer creados a imagen y semejanza de Dios. Sin salir del marco de la humanidad. 

7.- En el horizonte de la vida humana entra el sufrimiento y la muerte, y Jesús los abraza amorosamente. También dentro de este horizonte entra también la persecución injusta, la cárcel injusta, la muerte injusta y especialmente la muerte injusta, la más dolorosa y humillante reservada a los esclavos. Jesús se hace obediente hasta la muerte en cruz. Cristo no ha venido a suprimir el dolor ni siquiera a explicarlo, sino a llenarlo de su presencia. 

8.- Y bajó a los infiernos: al infierno en que a menudo convertimos las relaciones humanas. Entró en ellas de lleno. Y en choque de estas relaciones, le cupo las de perder. Y bajó “a los infiernos”, a la “región de los muertos”. Es decir, murió verdaderamente como moriremos todos nosotros.

9.- Por eso el Padre lo levantó de entre los muertos. Lo resucitó. Y lo puso a su lado, compartiendo el poder y la gloria. Y Jesús de Nazaret, obediente hasta la muerte en cruz, recibe un nombre superior a todo nombre. Y el universo entero, cielo, tierra y el abismo, rendirá a Jesús el honor que rendimos al Padre. Y todos proclamamos: Jesús es SEÑOR. Señor traduce el nombre inefable de Dios en el Antiguo Testamento: IHVH = IAHVEH. Y cuando proclamamos esta grandeza de Jesús el Padre es conocido, amado y alabado como nunca. El Padre es glorificado en el Hijo.

10.- Ahí tenemos trazado nuestro camino. Sigamos a Jesús en su conciencia de hijo, abracémonos cordialmente con nuestra humanidad, actuemos con su misma libertad. Y tengamos presentes las palabras de san Pablo: Hermanos, habéis sido llamados para vivir en libertad; pero no esta libertad para dar rienda suelta a sus bajos instintos; más bien, haceos servidores los unos de los otros por medio del amor. Así seremos sacramentos de la presencia de Jesús.

Tipus recurs pastoral: