Domingo VII del tiempo ordinario

Cicle: 
C
Temps: 
Durant l'any
Domingo, 24 Febrero 2019
P. Josep Vilarrubias Codina, cmf

Jesús ha venido a instaurar un mundo nuevo del que nosotros ahora ya participamos

"Yo perdono pero no olvido".

¿No olvido?: ¿Es que fue demasiado gordo? ¿Que esto todavía te duele? ¿Que no puedes?

El Evangelio de hoy es continuación del pasado domingo (las bienaventuranzas y malaventuranzas) que decíamos es la página más sorprendente del Evangelio de Lucas. Pues el texto continúa e incluso sube de tono.

Sólo con una actitud completamente entregada podremos captar el mensaje sin que nos haga daño y que nos haga mucho bien: "A vosotros que escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, rogad por aquellos que os ofenden".

Y por si nos coge despistados, a continuación pone ejemplos concretos: poner la otra mejilla, dar el vestido si te han tomado el manto, dar y no reclamar lo que te han tomado... "Pero vosotros habéis de amar a los enemigos..."

Lo habremos oído muchas veces pero ahora propongo de no pasar página: nombre siempre, vamos por pasos con la pedagogía de la liturgia:

En el primer libro de Samuel tenemos al joven David perseguido de muerte por el rey Saúl. La escena es en Ein-Guedes, un pequeño paraíso en pleno desierto de Judá cayendo sobre el Mar Muerto. En una cueva David tiene ocasión de matar a Saúl pero se detiene. Consciente de que el rey es ungido del Señor, le perdona la vida.

El salmo 102 proclama la bondad sin límites de Dios: Él perdona todas tus culpas y sacia de ternura... como un padre siente ternura por sus hijos, el Señor se apiada del fiel.

Jesús en el Evangelio nos invita a no poner límites a nuestra capacidad de amar, así como el Padre del cielo no pone límites a su misericordia: "Él es bueno con los desagradecidos y los malos".

El amor que Dios nos tiene es encarnado en el amor de su Verbo Jesús. Y Jesús, maltratado, humillado, atormentado, desde la cruz responde a la malicia de quienes todavía le escarnecen: ¡Padre, perdónalos!

Él nos ha enseñado a decir: Padre Nuestro... perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos.

¿De verdad que perdonamos tal como el Señor nos perdona? ¿De verdad que amamos tal como Él nos ama? Esto supone que el nuestro sea un amor desinteresado, absolutamente gratuito, como el de Jesús. Y con ello tocamos el fondo de la cuestión: el amor desinteresado, sin esperar nada a cambio. Tendemos a estimar interesadamente: el otro a quien amamos nos hace de espejo para satisfacer nuestro deseo escondido de ser vistos, que se nos reconozca...

Seguro que nuestro amor a los demás es oro a los ojos del Señor, pero quizás un poco mezclado del punto de egoísmo que lo ensucia y le quita brillo.

Sí que el Señor nos pide afinar bien en el amor, el servicio a los demás, el perdón, sin ningún tipo de falsificación ni de suciedad. Hasta el extremo de amar a nuestros enemigos. No es imposible: el Espíritu Santo de Jesús nos ayuda, lo hace posible. Eso sí, necesitamos una apertura sincera y continuada a la conversión, a la purificación de nuestro amor.

Bien mirado, Jesús en este evangelio nos pone las bases para una sociedad nueva: amor desinteresado, benevolencia, perdón, reaccionar sin violencia, compartir contra el egoísmo, rechazo de la avaricia. Nos propone un mundo nuevo, con actitudes nuevas.

Y nos señala la clave de lectura: Sed compasivos como vuestro Padre... Él que es bueno con los desagradecidos y los malos.

La segunda lectura del capítulo 15 de Corintios es continuación de la anterior. Nos puede ayudar a dar la vuelta mental y cordial hacia un amor a contra-corriente. Jesús es el nuevo Adán que nos saca del barro del primer Adán y nos da un Espíritu que nos destina a ser un Cuerpo Espiritual, en el Cristo Resucitado. Os invito a leer el texto completo.

Jesús ha venido a instaurar un mundo nuevo del que nosotros ahora ya participamos (sí, pero aún no del todo).

¡Buen domingo, amigos y enemigos!

Tipus recurs pastoral: