Domingo VI del tiempo ordinario

Cicle: 
C
Temps: 
Durant l'any
Domingo, 17 Febrero 2019
P. Josep Vilarrubias Codina, cmf

¡Alegraos y regocijaos!

Nos lo dice Jesús a los pobres, a los que sufren, a los hambrientos, a los perseguidos....

El manzano en el desierto caluroso de Arabá / El árbol plantado junto al agua.

Es la doble comparación del profeta Jeremías al hablar del camino maldito de los hombres y mujeres que buscan la felicidad en la ayuda humana alejándose de la ayuda de Dios; y al contrario del camino bendito de los hombres y mujeres que viven centrados en la ayuda del Señor y encuentran en el Señor la seguridad.

Con estas palabras el profeta nos desbroza el camino sobre las bienaventuranzas y las malaventuranzas en el evangelio de Lucas.

El salmo 1 nos allana el terreno: "dichoso el que tiene puesta en el Señor su confianza. Será como un árbol plantado junto al agua... Pero la suerte de los malvados será como la paja esparcida por el viento. El Señor protege el camino de los justos y los de los culpables acaban mal.

Nos encontramos en un momento solemne del Evangelio: Jesús ha subido al monte a orar y allí ha hecho la elección de los 12 apóstoles. Ahora rodeado de ellos ha bajado de la montaña a la llanura. Allí le espera una multitud de gente llegada de todo el país de los judíos, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón. Con esta enumeración geográfica nos señala la importancia y la universalidad de las palabras que Jesús está a punto de decir. El Maestro mirando directamente los discípulos proclama las bienaventuranzas. Estas van en la misma línea de las ocho bienaventuranzas según Mateo en el sermón de la montaña. Lucas las reduce a cuatro, y será la página más sorprendente del Evangelio: cuatro bienaventuranzas y cuatro malaventuranzas. Las tres primeras bienaventuranzas (pobreza, hambre, dolor) señalan hacia una misma idea: la cruz de cada día o pobreza evangélica. La cuarta es una felicitación a quienes son perseguidos, ridiculizados, calumniados, excluidos por ser cristianos: les dice: Alegraos y regocijaos...

Recuerdo que cuando por los años 80 estábamos grabando las voces para los audiovisuales sobre el País de Jesús, la lectora, profesional de la radio, al encontrarse con la expresión: "Dichosos vosotros los pobres" lanzó al suelo los papeles diciendo que esto nunca lo leería. Naturalmente que tenía razón. Pienso que la mejor manera de entender esta expresión de Jesús es fijar los ojos en aquellas personas que se han jugado la vida para ponerse al lado de los pobres contra las injusticias de los ricos: Oscar Romero, Casaldáliga... y más cercanos a nosotros sor Genoveva, hermano Adrià y otros que personalmente debéis conocer...

Dichosos vosotros: el reino de los cielos será vuestro. Los pobres, los que lloráis, los hambrientos, llegaréis a buen término: seréis saciados, reiréis, tendréis vuestra recompensa.

Todos buscamos ser felices. Y nuestra sociedad, contaminada por el egoísmo del dinero, del placer y del poder, nos ofrece por todos los medios la felicidad. Y Jesús, como nos dice el Papa Francisco, aquí va contra-corriente. Dios, que es Padre-Madre de todos nos ofrece la felicidad que no engaña. Si la corriente abajo es el egoísmo, el dinero, el placer, el dominio sobre los demás, la corriente arriba es la del amor, con humildad, limpieza de corazón, la misericordia, compartiendo con los pobres, con los hambrientos, con los que sufren.

Sabemos bien que a Jesús no le gusta la indigencia, ni el sufrimiento ni el hambre. Por eso se pone a favor de los que luchan por la justicia. Para Dios los pobres son felices porque son sus preferidos; él que derriba a los poderosos de sus tronos y enaltece a los humildes, que llena de bienes a los pobres, como cantó María en el Magnificat.

Ya sabes que la segunda lectura de las misas dominicales no se acomoda al hilo del resto de lecturas, sino que sigue otro camino en los libros bíblicos. Hoy Pablo en la carta a los corintios apunta a la base de toda la fe cristiana y del Nuevo Testamento. Entre los corintios había aquellos que creían en Cristo Resucitado y no en la resurrección de los muertos. Les dice que si los muertos no resucitan tampoco Cristo ha resucitado y por lo tanto es vacía y estúpida nuestra fe. Nuestra suerte está unida a la de Cristo. La verdadera sabiduría está en mirar al Misterio Pascual, a nuestro futuro de sumergidos por el bautismo en la Muerte y Resurrección del Señor. Así acabamos compartiendo su destino y la Vida definitiva; así buscamos los valores definitivos, no los caducos que ahora nos halagan.

¡Feliz domingo!

Tipus recurs pastoral: