Corpus Christi

Cicle: 
C
Temps: 
Durant l'any
Domingo, 23 Junio 2019
P. Josep Vilarrubias Codina, cmf

Jesús se nos da a sí mismo como alimento para transformar nuestra vida en la suya de Hijo de Dios

Cada año al llegar este día salen con profusión reflexiones en torno a la Eucaristía. Yo mismo acabo de reencontrarme con la homilía que hice hace un año y veo que me apliqué mucho.

Pero hoy pienso ir por otro camino: mi vivencia personal en la Plegaria Eucarística. Sabéis que desde el Prefacio hasta el Per Ipsum todo es una oración (no un mero relato) en que Jesús ofrece al Padre y nos dedica a nosotros el memorial de su Muerte y Resurrección. Es oración de toda la comunidad reunida que silenciosamente está participando.

Cuando el sacerdote toma el pan y lo parte es el mismo Jesús que hace la fracción del pan y brinda el cáliz al Padre, y esto en las manos del sacerdote. Las manos del sacerdote son las manos sacramentales, visibles, de CRISTO, de la Iglesia. Y las palabras lo son de Cristo, de su Cuerpo Místico, es decir de todos nosotros.

La Eucaristía es UN SACRAMENTO: sacramento es el símbolo visible de un don invisible que el Señor nos regala. La expresión visible aquí es el pan y el vino, con el gesto y la palabra del sacerdote, todos alrededor de la mesa. El don invisible es que Jesús se nos da a sí mismo como alimento para transformar nuestra vida en la suya de Hijo de Dios. Y todo bajo la acción del Espíritu Santo.

Nuestra vida está llena de este lenguaje simbólico. Por ejemplo: una vivencia o sentimiento interior no es visible y la expresamos en forma visible: una sonrisa, un abrazo, un grito, un lágrima...

Simbolismo del don eucarístico:

* Pan y vino en la mesa: son alimentos. El alimento, reunidos en torno a la mesa, une y nutre:

- Nos une: nos empuja en la estimación mutua, en el perdón... lo expresaremos en el gesto de la paz. Una paz que no puede ser un mero gesto. Que nos hace mirar a los ojos del otro, los ojos de todas las personas que necesitan nuestra paz y con los mismos horizontes de Jesús: paz, comunión y compromiso de aportar a los demás la paz.

- Jesús nos nutre de sí mismo, de su forma de amar al Padre y a los hermanos... de su amor que no pone condiciones, que se desvive, que da la vida.

* La separación del pan y el vino: signo sacramental que nos hace presente la ofrenda de Jesús al derramar la sangre en la cruz. Naturalmente que en la Eucaristía no hay derramamiento de sangre ni separación de cuerpo y sangre. Hacemos memorial, eso sí, del drama de la cruz, tal como Jesús lo vivió y lo ofreció al Padre. La ofrenda tuvo lugar en su Corazón. Hoy nos la brinda y la celebramos.

* La imposición de las manos sobre el pan y el vino, a punto de la consagración: es imploración de la comunidad al Espíritu Santo, él que hizo posible la Encarnación del Verbo en el seno de María, que del pan y el vino haga sacramento de la donación de Jesús en la cruz.

* Tomad y comed todos, es mi cuerpo: ESTO SOY YO que os nutro de mí mismo, de mi forma de ser Hijo del Padre, de la forma de ser hermano...

Dejad que os diga: Tomar y comer significa tomar y comer: tomamos con las manos y comemos en la boca, ¿no? Qué problemas, Señor, en esta cuestión. Queremos ser más respetuosos que el mismo Jesús. Cuando yo doy la comunión en la boca me encuentro con lenguas de todo tipo, limpias y sucias, aserradas por antiguos problemas psicológicos, los que la sacan tanto como pueden o que la muestran tímidamente... ¡No es eso, amigos, no es eso! (Perdonad, tenía que decirlo).
* Es mi memorial. Memorial es un hecho, un objeto, un lugar, una celebración que nos recuerda una realidad pasada, importante para nosotros y que no queremos dejar que se funda con el tiempo. El Memorial en boca de Jesús, lo es en el ámbito divino que trasciende el tiempo y el espacio, es decir que hace verdaderamente hoy y aquí lo que estamos recordando y celebrando. Estamos haciendo presente la ofrenda de Jesús que fue desde su encarnación hasta la muerte en cruz. Ofrenda que se condensa en las palabras en la Cruz: Padre, confío en sus manos mi espíritu. En el calvario hubo un drama de patíbulo, de sangre, de muerte impuesta violentamente. Ahora el Señor es glorificado. Todo aquello sucedió, lo que en el altar tenemos es la ofrenda que Jesús llevaba en el corazón. Una ofrenda que tiene todo el valor de su entrega en el calvario pero que tenemos que celebrar, no con sentimientos dramáticos, sino con Agradecimiento, que esto significa la palabra EUCARISTÍA.

Ah, pero no podemos quedar tan tranquilos, porque el mismo Jesús ya nos dejó claro que su pasión y muerte ahora la están viviendo muchos de mis hermanos. No quiero hacer fantasías devotas, copio sin más algún fragmento que acabo de leer con motivo del Corpus:

"En nuestro entorno, más o menos próximo, nos vamos encontrando con familias obligadas a vivir de la caridad. Personas amenazadas de desahucio, vecinos golpeados por el paro, enfermos sin saber cómo resolver sus problemas de salud o de medicación..."

Nuestras comunidades cristianas debemos descubrir que no es posible seguir a Jesús sin sentir nuestro el dolor de los hermanos, arremangarse y colaborar para una sociedad más justa y acogedora de las personas débiles. De ahí que aquellos que os dedicáis a confortar, dar la mano, liberar a los otros estáis viviendo de la vida de Jesús que os es dada en la Eucaristía. Y si esta sensibilidad no la tenéis, podéis dejar de ir a comulgar. No sirve de nada. La tranquilidad que tenéis es postiza, no se adecua al proyecto salvador de Jesús en la Eucaristía.

Pues, démonos la mano, y caminar con Jesús por los caminos de la caridad cristiana llevados por su mismo Espíritu y con la vitalidad que nos da la Eucaristía.

No significa otra cosa la palabra de Jesús ante la multitud hambrienta, y que hoy el Toni Daufí nos traduce con transparencia: "dadles vosotros de comer".

Tipus recurs pastoral: