Domingo XXVII del tiempo ordinario

Cicle: 
C
Temps: 
Durant l'any
Domingo, 6 Octubre 2019
P. Josep Vilarrubias Codina, cmf

La fe. ¿Eso qué es?

Con Lucas vamos acompañando a Jesús de camino hacia Jerusalén.

Los discípulos debían sentirse muy sorprendidos y un poco asustados por las exigencias que el Maestro les iba colocando sobre el seguimiento. Ellos lo estaban siguiendo, pero ¿adónde los llevaba todo esto?

Sentirían que para ir adelante necesitaban motivos más firmes para confiar. Y de repente le dicen al Señor: ¡danos más fe!

Como respuesta Jesús no se pone a dar definiciones sobre la fe sino que empieza por proclamar el potencial que supone la fe para nuestras vidas y en relación con Dios, con el próximo, con la naturaleza... Dos comparaciones bien comprensibles para aquella gente campesina:

* El granito de mostaza, tan pequeño, ¡qué potencial de vida oculta para crecer y reproducirse!

* La morera –habría alguna por allí– que a una orden recibida desde la fe sería capaz de arrancarse de tierra y plantarse en el mar.

Como siempre en la Palabra de Dios el lenguaje señala hacia un mensaje. Aquí el mensaje es transparente y potente: la fe es un motor de muchas revoluciones que nos empuja hacia la plenitud de nuestra existencia en la órbita de Dios-Amor Eterno.

¡Danos más fe! Pues sí, los discípulos tenían sus problemas para entender las condiciones que Jesús les proponía: cambiar la manera de ver sobre el dinero, el poder, el placer, la misma religiosidad... y como trasfondo aquello tan raro que les había dicho al iniciar el camino a Jerusalén: que él mismo sería arrestado, maltratado, matado... y que resucitaría al tercer día.

Y nosotros, ¿qué? Pues igual ¡más o menos! Hemos dicho a Jesús que sí, y sabemos que su oferta lo es de amor y felicidad. Pero en la vida se nos atraviesan obstáculos, oscuridades, contrariedades, problemas de salud, de familia, de convivencia, de economía... y nos llegan continuamente noticias de desastres, de guerras... el dominio del dios dinero que condena a gran parte de la humanidad a la miseria... Nos venden preguntas que no encuentran respuesta... Y la fe se nos hace difícil.

Ya hemos oído en la primera lectura como el profeta Abacuc se quejaba a Dios: ¿Hasta cuándo, Señor, pediré auxilio y no me escucharéis... llamaré "violencia" y no me salvaréis?... El Señor le respondió que confiara, que todo tenía su momento y que todo se resolvería pronto. El texto de Abacuc termina así: El hombre de espíritu orgulloso se sentirá inseguro, pero el justo vivirá por su fe.

Recuerdo que una de las primeras lecciones que aprendí en los estudios de teología fue que: la fe y la confianza son una misma cosa. Como una moneda de dos caras.

La fe no es cosa de aceptar formulaciones preestablecidas. Fe es cosa de actitud: de confianza. Dios le pide al profeta que confíe.

La fe más que creer en Jesús es creer a Jesús: fiarse de él, confiar en él, en su Palabra. La palabra "creer" en catalán tiene un significado más preciso y auténtico que en otros idiomas: "debemos saber creer" significa que tenemos que hacer lo que se nos propone. La fe cristiana se apoya en la persona de Jesús. Si confiamos en él, aunque a veces no entendamos mucho las formulaciones religiosas, si confiamos, nuestra fe es viva. La confianza provoca reacción, compromete, hace actuar. La confianza en el Señor nos hace sentir vivos, nos acerca a él y nos compromete a entregarnos, junto con él, en favor de los hermanos.

Así que, animados por la importancia del creer, queremos ir pidiendo a Jesús: Danos más fe.

En la parábola del criado fiel –del mismo evangelio de hoy– se insinúa la actitud del hombre de fe, que se mueve –que cree– que actúa desinteresadamente al servicio de los demás, no para amontonar méritos a base de sumar oraciones, acciones benéficas, ayudas a la iglesia... los méritos a favor nuestro ya los ganó Jesús en su entrega. Ahora se nos propone actuar con plena gratuidad sólo inspirados por la confianza.

La fe es confianza. Saber "creer", actuar por amor, un amor agradecido al Señor, un amor gratuito hacia los hermanos, a la manera de Jesús.

Digamos que nuestra fe consiste en confiar, dejar actuar en nosotros el amor de Dios amándonos unos a otros como Jesús.

Señor, ¡auméntanos la fe!

Tipus recurs pastoral: