Domingo XXVIII del tiempo ordinario

Cicle: 
C
Temps: 
Durant l'any
Domingo, 13 Octubre 2019
P. Josep Vilarrubias Codina, cmf

Y los otros nueve, ¿dónde están?

En el camino con Jesús hacia Jerusalén estamos en los umbrales entre Galilea y Samaria. Ya sabemos la honda hostilidad que había entre judíos y samaritanos.

Entra en escena un grupo de diez leprosos, A este tipo de enfermos se les hacía víctimas de la marginación religiosa y social. Eran tenidos por culpables de su mal, ellos o sus padres. Recordemos el texto del libro del Levítico: "El que está enfermo de lepra irá con la ropa rasgada, la cabellera desatada, un tapabocas en la cara y gritará: ¡Impuro, impuro! ... Como impuro vivirá aislado fuera del campamento". Los leprosos debían vivir y convivir en parajes despoblados, lejos de la sociedad.

Al saber que Jesús estaba pasando por aquellos lugares, los diez leprosos se saltaron la ley y se le acercaron para pedirle la curación. Él tuvo compasión y los escuchó poniendo a prueba su confianza: no los curó a continuación sino que les dijo de presentarse a los sacerdotes. A estos correspondía declarar la curación de los leprosos y su reintegración en la sociedad.

De camino, los diez se sintieron curados. Uno de ellos volvió alabando a Dios a grandes voces, cayó a los pies de Jesús con el rostro en tierra, dándole gracias. Jesús lo acogió con alegría, pero le salió del corazón: ¿No eran diez? ¿Y los otros nueve dónde están? ¿Sólo este extranjero ha vuelto para dar gloria a Dios?

Agradecimiento

Jesús celebra el gesto del samaritano agradecido: Levántate, y vete. Tu fe lo ha salvado. Si nos fijamos encontramos que los diez leprosos han sido curados y el samaritano además ha sido salvado.

Cuando decimos "gracias" estamos reconociendo y proclamando la gratuidad del otro. Dar gracias al Señor significa proclamarle con alegría su amor gratuito. Un amor agradecido no se contenta al decir "gracias" y nada más, sino que reconoce y valora los detalles del otro. Recuerdo que un día paseando por la naturaleza, un pajarito pio en el camino y un compañero comentó en voz baja: qué detalle. ¡Gracias, Señor! El descubrimiento de los detalles hace crecer nuestro amor agradecido.

El samaritano proclama a gritos la gloria de Dios y se prosterna agradecido a los pies de Jesús. Desde ahora este hombre cree en Jesús y se abre al Abbá de quien Jesús tanto habla.

Entiendo que el agradecimiento es la actitud más auténtica de la fe. Sí que hay que pedir (Jesús insiste en que pidamos) pero este pedir florece si va acompañado de agradecimiento. Una persona hoy me decía que siempre que pide lo hace agradeciendo de antemano. El agradecimiento, el amor agradecido nos desvela hacia la alabanza, la adoración y el compromiso, la misericordia.

- En el gloria de la Celebración Eucarística decimos: ¡Te damos gracias por tu inmensa gloria! Podemos dar gracias a Dios por tantas cosas pero dar gracias por su inmensa gloria es reconocer agradecidos la inmensidad de su amor. Gloria de Dios es su Amor que nos salva.

- En la Eucaristía nos unimos al agradecimiento de Jesús que al partir el pan y brindarnos el cáliz dio gracias: Eucaristía es Acción de Gracias.

¿Y los otros nueve?

 Lucas afina mucho en los detalles: de los diez que fueron curados uno solo volvió para agradecer y glorificar a Dios. Era un samaritano, un hereje, indeseable... A diferencia de los otros no samaritanos, que se supone fieles a la tradición judía.

En las comunidades para las que Lucas escribía ya debía aparecer el contraste entre los fieles cumplidores de siempre y por otra parte los sospechosos, poco fieles, de fama irregular. Aquí podemos ver un grito de alerta a no olvidar la relación de Jesús con la gente marginada, los excluidos, los de mala fama, en contraste con los hombres de la ley, fariseos, perfectos cumplidores de las tradiciones religiosas.

Y un toque de atención para nosotros: que sepamos vigilar de no caer en el etiquetar a las personas, mirando a otros desde la atalaya de nuestra fidelidad de siempre. La clave de lectura en la ley de Jesús es el amor humilde y misericordioso.

Para terminar, quisiera rendir aquí homenaje a los hermanos y hermanas que por todo el mundo se meten en medio de gente de mal vivir para ser testigos de la alegría del Evangelio, con su amor compasivo, cercano, comprensivo, y cálido entre personas inmersas en la marginación religiosa y social.

¡Que tengáis un buen domingo!

Tipus recurs pastoral: