Domingo XXIV del tiempo ordinario

Cicle: 
C
Temps: 
Durant l'any
Domingo, 15 Septiembre 2019
P. Josep Vilarrubias Codina, cmf

Dios organiza una fiesta con música y baile

Veo el capítulo 15 de Lucas como un resumen del evangelio de la misericordia que sobrepasa toda nuestra capacidad de ponderar la alegría de Dios cuando nosotros, cansados ​​y heridos volvemos a él.

Jesús explica tres parábolas con un mismo mensaje: la oveja perdida y reencontrada, la moneda perdida y reencontrada, el hijo perdido y encontrado.

Y cada una de ellas termina proclamando la alegría de Dios cuando volvemos a él. Recuerdo que cuando yo era pequeño pregunté a mi madre como podía ser que Dios se alegre más por un desagradecido que vuelve a casa que por todos los que siempre han sido fieles. Está claro, me dijo, si en casa todos los hermanos estáis buenos pero hay uno se pone muy enfermo, todos los demás estaréis preocupados; pero si el chico se pone bueno, en casa lo celebramos más que por la salud de todos vosotros.

Necesitamos estar bien atentos al comienzo del relato, no sea que se nos pase por alto el contexto de la explicación de Jesús. Él no se dirige propiamente a los discípulos ni a la multitud sino a los fariseos y maestros de la ley que le están criticando porque se rodea con gente de mala vida y come con ellos.

Jesús les viene a decir: muy bien, si me acusáis a mí acusáis primero al Padre del Cielo, él es así de tierno, cercano, capaz de esperar, de perdonar y de abrazar con lágrimas y besos al hijo perdido que vuelve a sus brazos. Les está mostrando un Dios-Amor Padre-Madre, todo ternura y misericordia, un Dios muy diferente de como ellos ostentosamente lo predican en el Templo y en las sinagogas.

El Maestro, pues, nos señala al Padre con las tres parábolas, una tras otra, las tres con el mismo mensaje, la inimaginable misericordia de Dios.

* La parábola de la oveja perdida la tenemos bien explicada con el dibujo del Toni Daufí: la alegría de Dios por el reencuentro cuando nos hemos apartado y volvemos a él.

* La parábola de la moneda perdida y reencontrada nos queda clara si recordamos el día que perdimos las llaves de casa, o el móvil, o la cartera... "¡Alegraos conmigo, que ya lo he encontrado!"

* La parábola del Hijo Pródigo. Mejor que dijéramos: parábola del Padre Bueno. Jesús se pone a fondo. Nos podemos sentir retratos:

- Nos podemos sentir retratados en el hijo pródigo que marcha de la casa del Padre para irse alegremente. ¿Quién de nosotros no se ha sentido en la vida como el hijo aventurero pero esperado y perdonado?

- Nos podemos sentir retratados en el padre bueno que nos quiere como a su imagen, con un corazón y unos hechos llenos de misericordia hacia los que en nuestro entorno viven marginados, despreciados, desvalidos,... Si Jesús nos enseña que debemos ser buenos como lo es nuestro Padre del Cielo, nos está diciendo que, como el Padre, seamos misericordiosos, siempre dispuestos a acoger y perdonar.

- Nos podemos retratar en el hijo mayor que se muere de envidia y hace reproches al padre por su bondad. ¡Esto no nos gusta! Pero nosotros no nos podemos permitir juzgar altivamente, en nombre de la ley, las personas que nos parecen desencaminadas.

No podemos terminar este escrito sin dar un paso más a fondo: se trata de la imagen que tenemos de Dios, no tanto por lo que decimos como por lo que vivimos dentro nuestro: ¿Quién es Dios para ti?: un gran señor siempre pendiente de hacer justicia, que se hace respetar por aquello de "las penas eternas del infierno"... ¿No es ésta la imagen que de Dios tenían los fariseos y los hombres de la ley? Pues el padre del hijo pródigo no es así. Le tendremos que preguntar al hijo pródigo o a cualquier "desgraciado" que se ha encontrado con el abrazo de Jesús.

Dios no es un padre bonachón, es PADRE BUENO. Lo es para ti y para mí. Jesús es el testimonio: para él el Padre del cielo es el ABBÁ, él quiere que lo sea también para nosotros. El Espíritu Santo de Jesús nos lo hace vivir.

Tipus recurs pastoral: