Domingo XXVI del tiempo ordinario

Cicle: 
C
Temps: 
Durant l'any
Domingo, 29 Septiembre 2019
P. Josep Vilarrubias Codina, cmf

¡Así acabará la orgía de los vividores!

El profeta Amós, siglo VIII antes de Jesús, agricultor y ganadero, es llamado y enviado por Dios. Él, que sí, se va hacia el palacio del rey y los ricos potentados de Samaria a cantarles las verdades, en nombre de Dios, sobre su vida escandalosamente lujosa dejando a la gente humilde hundida en la miseria y la opresión. "Viven en la opulencia, ignorando sin ningún escrúpulo de conciencia la necesidad que pasan muchos en su entorno... Ahora serán los primeros en las filas de los deportados... "así acabará la orgía de los vividores".

En el salmo tenemos la contrapartida de Dios: El Señor hace justicia a los oprimidos, da pan a los hambrientos. El Señor libera a los cautivos.

Así pues, ya vamos viendo por donde nos llevará el mensaje del Evangelio. Insiste, por si todavía no hemos entrado bien, en lo de que no se puede servir a Dios y al dinero.

Lucas nos presenta una parábola punzante. Recordemos que las parábolas son cuentos que Jesús inventaba para dejar claro un mensaje que quería transmitir. Lo que cuenta es el mensaje. Entendemos que no necesitamos aquí detenernos en cuestiones sobre el infierno y sobre apariciones que aparecen en el escenario. Vamos al grano:

Había un hombre rico, vestido de púrpura y lino fino, que cada día hacía banquetes opulentos. Y no prestaba ninguna atención a un pobre hombre que estaba en la puerta, cargado de llagas, esperando poder comer migajas de lo que sobraba de la mesa del rico. Simpático el detalle de los perritos que, ellos sí, se acercaban a suavizar con la lengua las llagas del pobre Lázaro.

A ambos les llega la muerte. Y aquí se cambian radicalmente los papeles. El rico es rechazado, se ha hundido él mismo en las tinieblas eternas mientras que el pobre Lázaro es acogido en la falda de Abraham, acogido por Dios como un niño en el regazo de la madre.

Necesitamos un toque de atención, porque sí que ya lo aceptamos estar a favor de los pobres, pero que no nos pasara como al rico Epulón que desde la vida de confort no prestaba atención al hombre desgraciado que tenía en la puerta de casa. Podríamos decir que no era consciente, no se daba cuenta, estaba en otra órbita.

Tanto se nos habla del evangelio de los pobres que sí, que nos lo creemos, pero si no llevamos una luz potente de misericordia en el corazón, nos los miraremos como personas de fuera de nosotros a los que quizás podemos echar una mano, pero en realidad nuestra mirada se enfoca hacia otro lado, hacia nuestros intereses, pensamientos, preocupaciones... tratamos de no hacer daño, cumplir las normas religiosas y sociales, de ir pasando... y quizás no nos damos cuenta del pobre Lázaro que yace cerca de nosotros…

Mirad, ayer leí en los apuntes de un monje del cister:

Si una persona ama, inmediatamente establece relaciones directas a su entorno. Y yo añado siguiendo la línea de Jesús: los que tiene más cerca en su relación de amor son los preferidos del Evangelio.

La clave de lectura de todo esto es sencillamente saber amar. El Espíritu de Jesús nos quiere liberar de la distracción del Epulón: que el corazón no mire tanto hacia nuestros intereses, nuestra comodidad... que nuestra sensibilidad se vaya empapando de la sensibilidad evangélica de Cristo, totalmente diferente a la sensibilidad del mundo que respiramos. Como nos dice San Pablo en la carta a los filipenses (fl 2,4): Tened los mismos sentimientos que Cristo Jesús.

Tipus recurs pastoral: