Domingo V del tiempo ordinario

Cicle: 
A
Temps: 
Durant l'any
Domingo, 9 Febrero 2020
P. Jaume Sidera Plana, cmf

Sal, luz y ciudad de refugio

1.- Hoy, el discípulo de Jesús, que es limpio de corazón y vive apasionado por la justicia, que tiene hambre y sed de ajustarse plenamente al proyecto de Dios, que es compasivo y se ocupa de los pobres i de los marginados, puede oír de labios de Jesús qué es eso de ser cristiano: Sal de la tierra, ciudad de refugio y luz del mundo.

2.- Jesús se encuentra ante un mundo hecho un valle de lágrimas donde gimen i lloran pobres, oprimidos, marginados. Y los proclama felices, bienaventurados. Los proclama así no por el hecho de malvivir como malviven, sino porque Dios opta descaradamente por ellos y quiere verlos libres de esta situación injusta i cruel. Las bienaventuranzas no son palabras bonitas para maquillar la dura realidad con la esperanza pasiva de un hipotético y futuro reinado de Dios. No es esto. Dios cuenta con muchísimos discípulos de Jesús que se toman seriamente el compromiso de cambiar la realidad y hacer presente aquí y ahora el cielo nuevo y la tierra nueva donde reine la justícia, el amor y la paz. Un compromiso de misericordia y de reconciliación; obstinación de una vida honrada y limpia; un trabajo por la paz y la reconciliación; la firmeza en la persecución.

3.- Es así como los discípulos son SAL: la sal sirve para sazonar y conservar los alimentos. ¿Verdad que gozamos con una buena enSALada y soñamos con un buen SALario? Pero para que la sal sazone ha de ser muy discreta. Ni poca ni demasiada. Se ha de mezclar y fundirse en los alimentos para que sean sabrosos. Desde dentro. Como elemento que conserva, los antiguos la empleaban para sellar un pacto duradero, el pacto de la sal. El cristiano ha de conservar y mantener este mundo nuestro fiel a la alianza con Dios y hacer de él una ofrenda agradable.

4.- La sal era también un signo de hospitalidad. Cuando llegaba un forastero a casa, le ofrecían el pan y la sal. Estás en tu casa. ¡Bienvenido! Hoy, cuando bautizamos a los niños ya no les damos aquella pizca de sal, que nos hacía sonreír por la reacción del bebé. Cuando el bautismo se administraba por etapas, el primer rito consistía en ofrecer al catecúmeno un poco de sal para significarle que era acogido en la comunidad. Más adelante sería sumergido en el agua bautismal y sería un miembro hecho y derecho de la comunidad cristiana. San Juan Crisóstomo y san Agustín recibieron la sal a los siete años y se bautizaron a los treinta.

5.- Y un apunte más. San Pablo exhortaba a los cristianos a aprovechar cualquier oportunidad para transmitir el mensaje a los no cristianos. Y transmitirlo con una amable conversación, con su pizca de sal, sabiendo responder a cada uno como conviene. Con mucho salero, como se dice. Un anuncio abstracto y soso no llega a ninguna parte.

6.- LUZ: la luz está hecha para iluminar, no para esconderla bien escondida para que no se vea, como hacíamos en tiempo de guerra para despistar a los aviones que sobrevolaban de noche. Pues no, no temamos. No hace falta mucha cosa para iluminar. Simplemente ser luz. Simplemente ser cristiano... Y esta luz irradiará, como dice el profeta Isaías, compartiendo el pan, acogiendo a los pobres vagabundos, vistiendo al que no tiene abrigo: son hermanos tuyos... De los primeros cristianos decían: ¡Mirad cómo se aman! Era la mejor propaganda del evangelio. Con esto muchos se sentían llamados a hacerse discípulos de Jesús en la comunidad cristiana.

7.- CIUDAD: No puede ocultarse una ciudad construida sobre un monte. Veo pocos comentaristas del evangelio que asocien la ciudad encumbrada con una ciudad de refugio o de asilo. En Israel había ciudades de refugio en donde podían acogerse los que involuntariamente habían causado alguna muerte. Con ello esquivaban la venganza de los familiares del difunto.

8.- Aquellos israelitas del Antiguo Testamento tenían más sensibilidad que nuestra civilizada Europa de raíces cristianas, frente a los europeos de hoy frente a los muchísimos migrantes que huyen del hambre, de la guerra o de la persecución... No hay quien los acoja. Todos lo vemos cada día con estupefacción e impotencia, cuando no con indiferencia o dejando el problema en manos de personas, organizaciones o pueblos de buena voluntad.

9.- Nuestra comunidad cristiana es un reflejo de la Ciudad de Dios en que compartimos la fe, la eucaristía y la fraternidad. Ha de estar abierta a todo el que quiera entrar. Isaías, hablando de Jerusalén decía: Al final de los tiempos estará firme el monte de la casa del Señor. Caminarán hacia ellos pueblos numerosos. Dirán: Venid, subamos al monte del Señor. Él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas, porque de Sion saldrá la ley; de Jerusalén, la Palabra del Señor. Como esa ciudad quiere Jesús que sean nuestras comunidades cristianas. Irradiando luz y atrayendo a todos con el anuncio de la buena nueva, un anuncio que ilumina y resplandece en la conducta de los cristianos, los discípulos de Jesús: sal y luz del mundo, y ciudades de refugio.

Tipus recurs pastoral: