Domingo IV de Cuaresma

Ciclo y fecha
Cicle: 
C
Temps: 
Cuaresma
Data : 
Domingo, 31 Marzo 2019
Concédenos la convicción de sabernos hijos tuyos

Señor, queremos regresar a casa,
pero primero necesitamos abrir los ojos
para no dejarnos embaucar
por cualquier sueño.

Queremos estar preparados
para disfrutar de tu amor,
siendo conscientes del privilegio que supone.
No lo merecemos; si no, no sería amor.

No queremos desaprovechar la ocasión,
dilapidar tu legado,
derrochar todo lo que has hecho por nosotros.

Enséñanos a agradecer
lo que nos has dado gratuitamente,
porque lo más preciado no tiene precio.
pero no siempre somos conscientes:
como siempre nos has dado lo mejor
no lo sabemos apreciar.

Danos humildad para reconocer
que nos hemos equivocado,
el coraje para levantarse e ir a encontrarte.
Concédenos la parte más valiosa
de tu herencia:
la convicción de sabernos hijos tuyos.

Gracias por revelarte
como un Dios de misericordia,
que desea, aún más que nosotros,
podernos abrazar.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Líbranos de la dureza de corazón

Señor Jesucristo,
a través del apóstol Pablo
nos invitas a ser personas nuevas
dejando crecer y fructificar
el amor del Padre
plantado en nuestros corazones.

Esto significa
que debemos fijar en ti nuestros ojos
y aprender que el Padre nos ama
aunque hayamos derrochado
todos los bienes que habíamos recibido
o aunque nos neguemos
a perdonar a nuestro hermano.

Líbranos, Señor Jesucristo,
de la dureza de corazón
que se niega a amar,
que no quiere oír hablar
de perdón y reconciliación
o que piensa que el Padre
va demasiado lejos
cuando abre los brazos y el corazón
al que regresa a casa.

Ayúdanos, Señor Jesucristo,
a aprender a amar
como somos amados
y a aprender a perdonar
como somos perdonados.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Que sepamos ver lo buenode las personas

Señor, aleja de nosotros
la actitud de «hermano mayor».
Que comprendamos que no somos jueces de nadie
y que decidamos apostar por las personas
y tratarlas con amor y sabiendo ver lo bueno
que hay en cada una de ellas.

Los dos hermanos del evangelio ven las cosas
y la vida de manera muy diferente.
Las diferencias crean un ambiente
contaminado e irrespirable.
Señor, que siempre nos sintamos
agradecidos y amados.
Que sepamos ver lo bueno
de las personas que conviven con nosotros
y que en ningún momento
se rompa la relación entre hermanos.

Que cuando nos equivoquemos, Señor,
sepamos reconocerlo
y que actuemos como el padre de la parábola
cuando alguien desea volver a empezar.

Señor, no sabemos si el hijo menor
se quedó para siempre con su padre.
Tal vez se fue y volvió muchas veces.
Que sepamos esperar y confiar.

Líbranos, Señor, del pecado del perfeccionismo.
Que no nos sintamos mejores
ni superiores a nadie.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Un Padre todo amor

Señor, Padre,
tu Hijo, Jesús, nos ha dicho
que tú eres un Padre todo bondad,
todo misericordia y todo perdón. 

Tú que esperas ya al hijo descarriado
antes de que el hambre le empuje a volver,
haznos desear la vuelta a casa
de todo hermano que la haya abandonado. 

Tú que al mayor de los hermanos
recomiendas misericordia
para que sea de verdad hijo tuyo,
haznos agradecer tu perdón
para saber perdonar como tú perdonas. 

Y ya que a ninguno de los dos condenas,
ayúdanos a distanciarnos por igual
de la vida disoluta del menor,
y de la rigidez intransigente del mayor. 

Hay que en todo sepamos reconocer
-y sobre todo sepamos imitar-
tu bondad, misericordia y perdón. 

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Todos somos llamados a amar como tú amas

«Ya no merezco llamarme tu hijo».
Pero tú sabes bien que ser hijo no es un mérito
sino un don, y me abres la puerta
y me devuelves la dignidad perdida
por mi mala cabeza.

«Tú siempre estás conmigo
y todo lo mío es tuyo».
Tantos años de espera paciente,
como el cazador que espera la ocasión
de hacerse con la presa,
renunciando a tantos deseos,
envidiando los placeres de mi hermano,
todo por la ambición de poseer.
Y ahora me abres el corazón de repente
al decirme que todo lo tuyo es mío desde ahora.

Nos quieres a los dos tal como somos,
aunque ninguno de los dos lo merezca.
Esta es la gran lección que hay que aprender:
hijos menores o mayores, tanto da,
todos somos llamados a amar como tú amas
para que nos sepamos perdonar unos a otros
y fundirnos un día en tu casa en el gran abrazo.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret