Domingo XVIII del tiempo ordinario

Ciclo y fecha
Cicle: 
C
Temps: 
Tiempo ordinario
Data : 
Domingo, 4 Agosto 2019
Sólo Tú puedes saciar nuestros anhelos

Señor, líbranos
de las cadenas de la vanidad.
Es un ídolo insaciable
que nos quita el aliento.

Nunca le basta,
nos exige cada vez más,
nos agota,
no nos deja descansar.

Nos ofrece una satisfacción efímera
a cambio de renunciar a la felicidad.

Líbranos de su esclavitud,
porque nos hace desconfiar de los demás,
nos los presenta como nuestros enemigos,
competidores siempre dispuestos
a arrebatarnos lo que tenemos,
sobre todo el prestigio y el buen nombre.

Cúranos de la vanidad,
porque enturbia nuestra relación contigo,
distorsiona tu rostro,
nos hace dudar de tu amor.

Danos sabiduría del corazón,
que arraigue en nosotros la convicción
que sólo Tú puedes saciar nuestros anhelos.

Queremos renunciar a venenos
que nos prometen la vida,
pero que en realidad nos la roban.

Queremos volver a nacer,
ser hombres y mujeres nuevos,
ser imágenes tuyas
para que Cristo lo sea todo en nosotros
y en todos.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Ayúdanos a saber compartir

Señor Jesús, hoy nos invitas
a ser ricos ante Dios
y pides que nadie se dedique
a amasar riquezas para sí.

Concédenos un corazón sensato
que nos enseñe a usar correctamente
cuanto has puesto en nuestras manos.

Que a nadie falte el pan de cada día
ni la casa o el trabajo digno;
que cada familia pueda
educar bien a sus hijos
y tener acceso a los servicios de salud.

Señor Jesús, con demasiada frecuencia
la ambición de dinero provoca peleas
incluso entre hermanos.
Ayúdanos a saber compartir
y a vivir la alegría de la generosidad.

Señor Jesús, hoy nos damos cuenta
de que el mundo que el Padre nos confió
corre el riesgo de ser destruido o degradado
por la ambición de riqueza inmediata
o por el consumismo irresponsable.

Que nuestra familia humana
sepa usar de tal modo
los bienes de la naturaleza
que a nadie falte lo necesario,
que nadie desee más que lo necesario
y que podamos garantizar una vida digna
a las generaciones venideras.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
La única seguridad la encontramos enTi

Señor, demasiadas veces confiamos
en nuestros sueldos y planes de pensiones.
Hoy nos recuerdas
que no podemos poner nuestra confianza
en las cosas perecederas.
La previsión es buena
mientras no nos haga perder de vista
que la única seguridad la encontramos en Ti.

El dinero y las posesiones
son causa de divisiones familiares.
Danos, Señor, capacidad para relativizar
lo material cuando pone en peligro el amor.

Señor, que estos tiempos de crisis
nos hagan caer en la cuenta
de nuestra fragilidad.
que aprendamos la lección
y atesoremos solidaridad y una gran compasión
ante las personas que lo han perdido todo.

Señor, que seamos generosos
con nuestro tiempo.
Que lo gastemos con amor y generosidad,
de lo contrario sería desperdiciarlo.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
¿Tesoros para quién?

Perdónanos, Señor, por las veces
que hemos simplificado tu mensaje
para no tener que sentirnos aludidos.

Si nos pidieras algo concreto
nos había sido mucho más fácil:
Lo habríamos hecho, y ¡ya está!
Aunque pudiéramos haberlo hecho
sin convicción y sin amor…

Pero nos pides una actitud de corazón
que guíe los pasos de toda la vida:
Nos pides que nuestro anhelo sea
no buscar seguridades en la posesión,
sino encontrar confianza y gozo
en el compartir y e la solidaridad.
Para así hacernos ricos ante Dios.

A quienes queremos ser tus discípulos,
ayúdanos a seguir con decisión tu camino.
Y aunque sea lento nuestro caminar
hay que nuestros pasos avancen
siguiendo siempre los tuyos.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Sólo tú, Señor, eres roca firme, puerto seguro

Vanidad de vanidades, todo es vano.
Sí, la vida es en buena parte
una sucesión de desengaños.
Ilusiones que se desvanecen,
desgracias inesperadas,
felicidades pasajeras
que dejan un regusto de nostalgia.

Nada hay en este mundo
que pueda llenarnos el corazón:
ni dinero, ni éxitos, ni placer ni poder.
Hasta los vínculos más sólidos
como son los de la familia,
se rasgan al llegar la muerte.

Sólo tú, Señor, eres roca firme, puerto seguro.
Tú eres el faro que da sentido y orientación
a mis pasos por esta vida.
Señor, quiero poner mi corazón
en todo lo que me acerca a ti.
Pobreza o riqueza, éxito o fracaso,
placer o dolor, todo es relativo.
Al fin y al cabo, sólo cuenta aprender a amar.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret