Domingo XXI del tiempo ordinario

Ciclo y fecha
Cicle: 
C
Temps: 
Tiempo ordinario
Data : 
Domingo, 25 Agosto 2019
Líbranos de la tentación de sentirnos los primeros

Señor, gracias por tener un corazón tan grande,
por abrirte a todos,
gente de todas las naciones, lenguas y épocas,
y no ser el privilegio de unos pocos.

No te dejas secuestrar
cuando pretendemos tu exclusividad.
Más bien al contrario,
cuanto más cerca estamos de Ti,
más nos abrimos a los demás,
más generosos somos.

Gracias por corregirnos,
por fortalecer nuestras manos
cuando estamos cansados,
por sostener nuestras rodillas
cuando se doblan,
por allanar nuestro camino
cuando cojean.

Gracias por habernos llamado
de oriente y de occidente,
del norte y del sur,
por juntarnos en torno a tu mesa.

No nos dejes encerrarnos en nosotros mismos
ni que cerremos las puertas de la salvación
a los que no conocemos.

Líbranos de la tentación
de sentirnos los primeros.
Danos un corazón como el tuyo,
generoso, dispuesto a invitar a todos,
a compartir lo que somos
y todo lo que nos has dado.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
“A vosotros os reconozco como discípulos”

Dios y Padre nuestro, como recuerda el salmo
también nosotros formamos parte
de los pueblos y naciones que te alaban
porque tu misericordia y tu fidelidad
duran por siempre, son inagotables.

Y hoy te damos gracias especialmente
porque Jesús es el camino y la puerta
por los que tu Reino
se ha hecho presente en el mundo;
este Reino que también nos has confiado
y que debemos contribuir a que crezca.

Líbranos, Padre, de la tentación de pensar
que alguien quede al margen de tu amor,
o que nosotros podamos excluirlo.
Más bien haznos conscientes de que
el único camino que debemos seguir
es la persona de Jesús,
a quien aún conocemos y amamos poco
y a quien nos cuesta ser totalmente fieles.

El egoísmo humano excluye a muchos
de la mesa del pan de cada día.
Haz que volvamos más los ojos,
abramos el corazón y alarguemos los brazos
hacia los que hoy son los últimos
y por los que tú te preocupas especialmente.
Entonces podremos escuchar que Jesús,
tu Hijo y nuestro Hermano, nos dice:
“A vosotros os reconozco como discípulos”.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Vivir la vida cristiana va más allá de la teoría

Señor, que comprendamos
que el fin del cristiano
no es la perfección personal
sino el amor al prójimo
que únicamente es posible
si nos ejercitamos en la caridad.

Señor, acostumbrados a la inmediatez
a veces perdemos de vista
que vivir la vida cristiana
va más allá de la teoría.
Ayúdanos en el arduo aprendizaje
de hacer vida todas tus enseñanzas.

Que el ser cristianos de toda la vida
no nos haga perder de vista, Señor,
que debemos actualizar nuestra fe.
Que no nos conformemos con lo aprendido
en la catequesis de nuestra Primera Comunión.

Señor, que aprendamos a conocernos
y así pongamos a tu servicio
lo mejor de nosotros mismos.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
«Yo soy la puerta y el camino»

Nos invitas, Señor,
a entrar por la puerta estrecha…
Y nosotros – dóciles a tu enseñanza-
empezamos a buscar con ahinco
esa puerta que tú nos aconsejas.

Y la buscamos … olvidando
tu palabra que de tus labios hemos oído:
que tú eres la puerta y el camino,
y que quien entre por ti se salvará,
y podrá entrar y salir libremente.

Sedúcenos con palabras de amor
para que nos decidamos de una vez
a pasar por esta puerta que eres tú
con solo el amor por todo equipaje.

Átanos a ti con lazos de comunión,
y guíanos por ese camino de fidelidad
que tu mismo has seguido
amando hasta el extremo.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Que la iglesia sea imagen del Reino que nos preparas

Señor, me gustaría que tus iglesias
fueran una imagen del Reino que nos preparas.
Sueño con una iglesia de puertas estrechas
para que no podamos pasar si vamos
demasiado hinchados
o con los bolsillos demasiado llenos.
Puertas estrechas, pero, eso sí, a ras de suelo,
sin barreras arquitectónicas,
para que puedan entrar los viejos
y los inválidos,
los bebés que aún no caminan
y todos los que van por la vida
arrastrando carros y mochilas pesadas.

Sueño con una iglesia
de puertas siempre abiertas, muchas puertas
que miran a levante y a poniente,
al norte y al sur, porque todos son bienvenidos
sin mirar su origen.

Y, en el interior, una gran mesa redonda
donde todos tienen su lugar
para compartir y recibir el alimento
según sus capacidades y su necesidad.

Te doy gracias, Señor, por las pequeñas cosas
que hacen que mi iglesia
no sea tan distinta de la iglesia que sueño.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret