Domingo XXXI del tiempo ordinario

Ciclo y fecha
Cicle: 
C
Temps: 
Tiempo ordinario
Data : 
Domingo, 3 Noviembre 2019
Tu amor es el único que puede transformar nuestro corazón

Señor, gracias por amar al ser humano,
el centro de tu creación.

Gracias por no darnos la espalda
cuando nos equivocamos.

Gracias por querer detenerte en nuestra casa,
cuando no somos bien vistos por la gente.
Tu amor es el único que puede transformar nuestro corazón
y hacer que nos arrepintamos de nuestros errores.

Te pedimos perdón por el sufrimiento
que hemos generado a lo largo de nuestra vida,
ya sea a los demás o a nosotros mismos.
Quizá no seamos conscientes,
pero esto no nos exime
de nuestra responsabilidad.

Te pedimos tu sabiduría,
para darnos cuenta de lo que hemos hecho mal.
Danos la fuerza de tu Espíritu,
para saber cómo lo podemos reparar.

Confiamos en que,
a pesar de nuestros desaciertos,
nos puedas salvar.

Ayúdanos a creer que tu poder puede convertir
el peor de los males en un gran bien,
a aceptar la cruz como la puerta de la resurrección.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Haznos continuadores de tu misión

Señor Jesús, te damos gracias
porque no sólo has visitado nuestra tierra,
sino que has querido quedarte
en nuestra casa y junto a nosotros,
porque deseas transformarnos
no superficialmente, sino desde dentro.

Concédenos que, como Zaqueo,
tengamos siempre la puerta abierta
para recibirte; el deseo profundo
de conocer por experiencia quién eres,
de saberte reconocer como Señor
y el coraje de aprender a ser más fraternos
y de saber compartir con los hermanos.

Tú, Señor Jesús, eres el gran signo
del amor entrañable de Dios
para con cada persona y cuanto existe.

Haznos descubrir este amor en nosotros,
en cada persona que practica el bien
y en la inmensidad del universo que habitamos.

Y haznos continuadores de tu misión.

Que sepamos mirar al mundo y a cada persona
con la misma bondad con que tú
miraste a Zaqueo y le manifestaste
tu amistad y proximidad.
Con esto le bastó para cambiar de vida
y convertirse en un hombre nuevo.

Que así sepamos actuar
quienes queremos ser tus discípulos y seguidores.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Cambiar supone rehacer muchas actitudes que nos separan de los hermanos

Señor, hospedándote en casa de Zaqueo
echaste por tierra toda tu buena reputación.
Nos enseñas
que salvar a las personas, y ayudarlas
a salir del pozo en que están metidas
es más importante
que todas las murmuraciones.
Tarde o temprano Tú harás florecer la verdad.

No es fácil ir a una persona
y decirle claramente que esá equivocada.
Señor, nos cuesta decir la verdad sin herir.
Ayúdanos a acercarnos al otro.
A ponernos en su lugar
y a saber leer los pequeños gestos
que nos dicen que la persona nos necesita.

Señor, en cada uno de nosotros
se esconde un Zaqueo.
Queremos cambiar muchas cosas
pero no sabemos cómo.
Solemos subirnos a árboles
que no están a tu paso
porque sabemos demasiado bien
que cambiar supone rehacer muchas actitudes
que nos separan de los hermanos.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Dios cree en el corazón humano

Con Zaqueo, el publicano,
nos estás diciendo, Señor,
que, a pesar de todo,
Dios confía en el corazón humano
más que nosotros mismos.

Sabemos qué significa un «perdido»
Y cuando designamos así a alguien
tratamos de evitar su trato
para que no se nos contagie
su miseria.

Pero tú, Señor, nos dices
que no es así como Dios mira
el corazón de las personas.

A quienes consideramos perdidos,
a quienes excluimos de nuestro lado,
Dios los hace objeto de su amor,
de su perdón y su misericordia..

Te damos gracias
porque nos has hecho saber
que, a pesar de tantas infidelidades
por parte de los hombres,
Dios no deja nunca de amar
a esta humanidad que El creó.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Dame, Señor, la mirada de Zaqueo

Señor, no quiero que mi mirada sea
como la de la gente de Jericó, mirada fría
de los que siempre opinan sobre todo y critican,
mirada dura que hiere el alma
y aleja los corazones.

Dame, Señor, la mirada de Zaqueo,
mirada que busca una esperanza,
mirada que se arrepiente del daño cometido
y que intuye que es posible una nueva luz,
mirada atrevida, arriesgada, generosa.

Dame, sobre todo, tu mirada,
mirada que no se recrea ni se escandaliza
por la suciedad del pecado,
sino que se conmueve por el dolor del pecador,
mirada que intuye la belleza y la alegría
de la persona que se yergue
al vencer al pecado,
y que con sus ojos limpios
y brillantes de amor
provoca el arrepentimiento y la conversión.

Cada vez que miramos el mundo
y nos lamentamos porque todo va tan mal,
tenemos que recordar
que «el Hijo del hombre ha venido
a buscar y salvar lo que se había perdido».

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret