Domingo XXXIII del tiempo ordinario

Ciclo y fecha
Cicle: 
C
Temps: 
Tiempo ordinario
Data : 
Domingo, 17 Noviembre 2019
Danos el coraje para seguir tus pasos

Señor, gracias por no escondernos la realidad,
por explicarnos las dificultades que encontraremos,
por no engañarnos con falsos discursos.

Cuando tenemos problemas
nos desanimamos y pretendemos evadirnos.
En cambio, Tú nos animas a encararlos,
a esforzarnos para superarlos,
a no desfallecer hasta resolverlos.

Sin embargo, no podemos conseguirlo
por nosotros mismos.
Necesitamos tu sabiduría
para entender lo que tenemos que hacer,
tu fortaleza para no desanimarnos,
tu paciencia para esperar el momento oportuno.

Gracias por cuidar de nosotros,
aunque no siempre seamos conscientes,
por preocuparte de cada uno de nuestros cabellos,
pese a no acabar de fiarnos de Ti
en los momentos de dificultad.

Queremos aceptar el sufrimiento
como una parte de la vida
y afrontarlo como una oportunidad para crecer.
Tú nos has enseñado la fecundidad
del camino a la cruz,
danos el coraje para seguir tus pasos.
Que tu Espíritu nos acompañe
en todo momento.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Dar testimonio de nuestra fe

Señor Jesús, haznos vivir siempre
atentos a tu palabra,
disponibles a hacer el bien a todos
y a dar testimonio de nuestra fe.

Ayúdanos a saber colaborar
con todos los que trabajan por la paz
y por la dignidad de las personas.

Hoy te pedimos especialmente
por los que son perseguidos por su fe
o viven en lugares donde no se respeta
la libertad religiosa ni la dignidad humana.

Que puedan sentir la solidaridad eclesial
y especialmente la gracia de tu presencia.

También te pedimos por quienes consideran la fe
con indiferencia o como algo
destinado a desaparecer de nuestro mundo.

Que a todos llegue el gozo de saberse
profundamente amados por el Padre celestial,
que se dejen tocar por tu palabra
y por el testimonio de los que viven
con toda fidelidad tu Evangelio.

Ayúdanos a vivir y a comunicar nuestra fe
no con amenazas de castigos
ni con alarmas de destrucción del mundo,
sino con plena confianza en aquel Padre
que tanto ama al mundo
que te ha enviado a ti, Señor Jesús,
como hermano y salvador de la humanidad.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Danos valentía para continuar trabajando sin desfallecer

Señor, los tiempos que corremos son malos.
Los periódicos y los telediarios parecen confirmar
cuanto anunciaste en el evangelio de hoy.
Danos valentía para continuar trabajando
sin desfallecer.

A veces pensamos
que el peligro viene del exterior,
pero la realidad nos hace ver que los males
son en buena parte fruto del egoísmo
y de la ambición.
Señor, no permitas que nuestra ceguera
nos lleve a la destrucción.

Señor, ser cristiano en nuestro mundo
supone mucho valor.
Por doquier se ridiculiza la religión
y se ponen de manifiesto
los fallos de los creyentes sin mencionar
el bien que hace la Iglesia a la sociedad.
Sé Tú nuestro abogado y valedor.

Queremos recordarte, Señor, a las personas
que han sido traicionadas por los amigos,
a los obreros que han perdido su trabajo
sin ver reconocidos sus esfuerzos
a favor de la empresa,
y a cuantos sufren la soledad y el abandono. 

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
El «día de Dios» es hoy

Señor, Jesús,
tú, que nos conoces muy bien,
sabes cuánto nos cuesta recordar
todo aquello que nos compromete.

Recordamos que Dios nos ama,
y llena de gozo ese simple recuerdo.
Pero olvidamos que también es exigente
y que espera los frutos de nuestra vida:
Los frutos del amor y del servicio.

Haz que no nos pierda la curiosidad
por saber cómo será el mundo futuro:
ayúdanos a construir nuestro presente,
que es semilla del futuro que esperamos.

haz que nos preocupemos sobre todo
de dar testimonio de tu nombre,
para que así «podamos servirte
siempre con el gozo en el alma».

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Tú viviste plenamente encarnado, enraizado en tu pueblo

Señor, tú viviste plenamente encarnado,
enraizado en tu pueblo,
trabajando por el bien, por la salud,
por la inclusión de los pobres y marginados
que encontrabas en el camino.

Predicaste un mensaje de conversión urgente,
exhortaste a los discípulos a vivir alerta,
a optar por el Reino sin diferir la decisión.

Te enfrentaste a los límites
de la experiencia humana,
sufriste el odio y la violencia,
como si todo el mal del mundo
se hubiera enfocado en ti,
y pasaste por la muerte.

Tu resurrección nos abre un nuevo horizonte,
supera los límites estrechos de la vida humana.
Esto nos procura una esperanza indestructible
i pone en su lugar tantas cosas
que no son sino falsos absolutos.

Gracias, Señor, porque la esperanza trascendente
nos hace posible amar con libertad,
arriesgar y gastar la vida sin reparo,
hacer con confianza lo poco que puedo
y poner la mirada en el todo que espero de ti.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret