Domingo IV de Pascua

Cicle: 
C
Temps: 
Pasqua
Domingo, 8 Mayo 2022
P. Jaume Sidera Plana, cmf

Jesús nos conoce, y mantiene una relación personal y viva con cada uno de nosotros

1. Jesús, el Buen Pastor, nos da hoy una lección de puertas abiertas. Él ya había dicho: Todavía tengo otras ovejas que no son de esta grey. Escucharán mi voz y formarán un solo rebaño con un solo pastor. La iglesia naciente empezó abriendo tímidamente primero los postigos, luego las ventanas. Hasta que el Espíritu Santo con el viento impetuoso de Pentecostés abrió de par en par todas las puertas.

2. Cuando Pablo y Bernabé recorrían las regiones de la actual Turquía, de entrada se dirigían a las comunidades judías reunidas los sábados en la sinagoga. Una vez leída la Ley y los Profetas, el encargado del culto los invitó: Si tenéis alguna exhortación a hacer en el pueblo, hacedla por favor.

3. Los escuchaban con tal interés que durante la semana solo esperaban el próximo sábado para oírlos. Pero algunos judíos y algunas damas de buena posición, carcomidos de envidia, en vez de hacer caso de lo que decían Pablo y Bernabé, se dedicaron a contradecirlos e insultarlos.

4. La reacción de Pablo fue fulminante: Puesto que no queréis hacernos caso, nos volvemos hacia los no judíos. Pero antes de abandonar la ciudad, se sacudieron el polvo de los pies contra aquella gente. Era como decirles: Sois israelitas de nombre, pero no de corazón. Pertenecéis al mundo pagano.

5. Entonces Pablo comprendió el alcance de lo que decía el profeta Isaías: Te he puesto como luz de los paganos para que lleves la salvación hasta los límites de la tierra. Su misión desde ahora se abre como nunca a todo el mundo, sin límites territoriales, sociales, culturales ni religiosos. Cuando una puerta se cierra, se abre otra u otras muchas.

6. El Apocalipsis nos abre de par en par las puertas del cielo para que disfrutemos desde ahora de lo que esperamos: una multitud inmensa, incontable. Vienen de todas partes. Los hay de todos los colores. Se oyen todas las lenguas. Se están de pie como el Cordero en señal de victoria. Con vestidos blancos, porque participan de la resurrección de Jesús. Y cantan, sí. Cantan sin cesar: ¡Nos ha salvado el Cordero!"

7. Y entre todos celebran una espléndida liturgia que contrasta con nuestras celebraciones a menudo tan sencillas e incluso tan pobres. Pero estamos unidos a nuestros hermanos que nos han precedido y cantamos con ellos: “La alabanza, la gloria, la sabiduría, la acción de gracias, el honor, el poder y la fuerza pertenecen a nuestro Dios por siempre jamás más. Amén".

8. Uno de los personajes que se encuentran ante el trono de Dios nos indica que toda esta inmensa multitud vestida de blanco, ha pasado la misma prueba que pasamos nosotros: la persecución, la incomprensión, el escarnio, el menosprecio por el hecho de querer vivir una vida cristiana coherente.

9. No es una multitud compuesta de personas anónimas, sin nombre y sin voz. No. Todas tienen nombre y apellido. Comparten la misma casa de Dios y gozan de su felicidad. No pasarán hambre ni sed, no les hará daño el bochorno del sol. Tienen un Pastor excepcional: él, antes de ser pastor, –¡EL PASTOR!– ha vivido la condición y las limitaciones del Cordero. Y nos conduce hacia el Padre, un Padre tan bueno que enjugará las lágrimas de nuestros ojos como solo una madre sabe hacerlo.

10. Somos ovejas. No borregos. Y escuchamos atentamente la voz de Jesús. Y nos enamora. Y Él nos conoce: entabla una relación personal y viva con cada uno de nosotros. Y esta relación de amor nos anima a seguirlo. Cada Eucaristía es el beso que Jesús nos da y que demuestra el amor personal que nos tiene. Nosotros lo seguimos y Él nos da la vida eterna. Y como que nos ama y nos conoce como el Padre nos conoce y nos ama, él nos guarda y nos ampara y nadie podrá arrancarnos de sus manos.

11. Los cristianos tenemos todos los números para vivir felices. Jesús, nuestro Pastor nos guía y comparte e ilumina nuestro camino no siempre placentero de esta vida. Y nos garantiza ya desde ahora la vida plena con Él y con el Padre, y con toda la multitud de hermanos y hermanas que nos han precedido y nos alientan a continuar con alegria y esperanza nuestro camino.

Tipus recurs pastoral: