Domingo de Pentecostés

Cicle: 
C
Temps: 
Pasqua
Domingo, 5 Junio 2022
P. Jaume Sidera Plana, cmf

Dentro de nuestro corazón vive el Espíritu Santo

1. Hoy llegamos a la cumbre de la Pascua que ha durado 50 días: Pentecostés. Durante este período –¡y todavía después!– Jesús resucitado se hizo presente a la comunidad que malvivía entre el miedo y la esperanza, con las puertas cerradas a cal y canto. Recibíd el Espíritu Santo... los dijo Jesús el anochecer de Pascua.

2. Pero no tenían bastante. A los 8 días, continuaban con las puertas cerradas a cal y canto. Tomàs se resistía a creer. Y un buen grupo encabezado por Pedro, no viendo las cosas claras, se volvía al oficio de siempre: a pescar, lejos del jaleo de Jerusalén.

3. Hoy encontramos otra vez reunida a la comunidad en Jerusalén con los apóstoles, con mujeres y criaturas y con María, la madre de Jesús... y los pequeños de la familia. Porque tambíén: también había la chiquillería. Rogaban, como nosotros ahora. Esperaban que se cumpliera la promesa de Jesús: Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo y seréis mis testigos hasta el extremo de la tierra. Lo esperaban, eso sí, con las puertas cerradas a cal y canto, todavía, por el miedo y por la indecisión.

4. De repente entra un viento huracanado y unas llamas de fuego se posan en cada uno de los asistentes y les abrasa el alma y los transforma. El viento del Espíritu les está diciendo que está muy bien que oren y que esperen, pero que ha llegado la hora de proclamar el mensaje de Jesús a los cuatro puntos del horizonte. Ventanas afuero, los espera, una abigarrada multitud de gente por todas partes. Tienen que salir de la zona de confort hacia las periferias sedientas de Palabra y de Vida.

5. La multitud que los ve y los oye, se maravilla al ver a Pedro y a sus compañeros poseídos de una fuerza divina y proclamando las grandezas de Dios en la lengua que cada cual entendía. Es Pentecostés. Si Babel sembró la confusión por las lenguas, el Espíritu las emplea uniendo a todos los pueblos del mundo en la conciencia de que Dios es Padre de todos. Le podremos invocar con nombres diversos: Abbà o Pàter,  Padre, Father o Père,  Pai o Aitor, pero todos nos sentimos unidos en un mismo espíritu que nos hace hijos y nos hace hermanos. Es la hora del Padre Nuestro. Se produce el milagro que intuía el gran Ramon Llull: Si no nos entendemos por lenguaje, entendámonos por amor, que es el lenguaje que todo el mundo entiende.

6. Los apóstoles –y apóstolas también como Lidia y Febe y Prisca– pronto forman pequeñas comunidades que se reúnen en casas particulares. El Espíritu se hace presente enriqueciendo con carismas diversos a cada persona, hombre o mujer, sabia y no tan sabia, rica o pobre. El carisma es un regalo personal del Espíritu, orientado al bien de la comunidad. San Pablo decía a los cristianos de Corinto: Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada cual es un miembro suyo.

7. Y dentro de la comunidad hay de todo: hay apóstoles, profetas, catequistas. Hay quien obra maravillas, los hay que tienen unas manos de ángel para mimar y curar, hay quien practica la asistencia social. Unos saben gobernar, otros se saben expresar en lenguas. Y está el carisma -porque es un carisma- el padre o madre, abuelos o abuelas.

8. Es bueno conocer los dones que Dios nos ha hecho y conocer y valorar las cualidades de los otros. Valorarlas y agradecerlas. Es importante hacer grandes cosas. Y también hacer pequeñas cosas.  Y también saber hablar, decir la buena palabra, una sonrisa si hace falta. Somos un solo cuerpo. Y en el cuerpo todos los miembros son necesarios desde la cabeza hasta el dedo meñique del pie. Santa Teresita quería ejercer muchos carismas, pero no podía. Entonces se fijó en el corazón. Ella podía ser el corazón de la Iglesia. Amando y orando llegaría a todos y a cada uno de sus miembros. Esto está al alcance de cualquier cristiano. Cuando no podemos hacer cosas, siempre podemos ser. Siempre podemos amar y dejarnos amar.

9. ¿Saben los dones del Espíritu Santo? Son siete: sabiduría, inteligencia, capacidad de saborear el sentido y el gusto del bien, saber decir una palabra de consuelo cuando conviene, ser valientes cuando las cosas vienen mal dadas o cuando tenemos que dar razón de nuestra fe. Y estos dones se manifiestan en un ramo de flores y de frutos: amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, espíritu de servicio, confianza en los otros, suavidad, autodominio. Del buen corazón siempre salen cosas buenas. Y dentro de nuestro corazón vive el Espíritu Santo.

10. El Espíritu Santo actúa con gran discreción. Es como el agua, como la luz, como el aire. Están en todas partes, abarcan todo el mundo, pero cada cual bebe, respira y ve a su manera. Está dentro de nosotros, nos aconseja, nos apoya, nos defiende, ora en nosotros: nos inspira el Padre nuestro, nos da la libertad de hijos.

Tipus recurs pastoral: