Corpus Christi

Cicle: 
C
Temps: 
Durant l'any
Domingo, 19 Junio 2022
P. Jaume Sidera Plana, cmf

Con nuestra vida acompañemos el paso de Jesús por nuestro mundo

1. En las lecturas de hoy tenemos tres estampas muy interesantes: el pan que se ofrece, el pan que se parte y comparte, el pan que se nos entrega.

2. Primera estampa: Melquisedec. Un nombre bien extraño. Pero bonito. Significa rey de justicia. Era el rey de Salem, es decir, rey de paz. Era además sacerdote del Altísimo, que salió al encuentro de Abram victorioso, le ofreció pan y vino, y lo bendijo. Sí, bendijo a Abram, en quien serían bendecidas todas las naciones. Además, después de la bendición, Abram le entregó el diezmo, la décima parte del botín alcanzado con su victoria.

3. Al no conocerse ni el padre ni la madre ni lista alguna de sus antepasados, Melquisedec es la imagen perfecta de Jesús que, a pesar de no pertenecer a la familia sacerdotal de Leví, es el sumo sacerdote, el único mediador entre Dios y nosotros. En el salmo hemos repetido: Eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.

4. Segunda estampa: Jesús se ha retirado con sus discípulos a un lugar solitario. Al ver la multitud que lo buscaba, hambrienta de la palabra de Dios y del pan de cada día, la alimenta generosamente. Lo hace a partir de los cinco panes y dos peces que los discípulos ponen a su disposición. Toma el pan, lo parte, lo reparte y toda la muchedumbre lo comparte. Y también los peces. Todo un símbolo de la Eucaristía. Los discípulos se han entregado ellos mismos en la pequeña cosa que tienen y ponen a disposición de Jesús. Y así el pan partido, repartido y compartido llega a todos. Con esto, Jesús realiza el milagro.

5. Cuando hablamos del milagro de los panes y los peces, hay quien se sonríe maliciosamente e incluso se le ocurre algún chascarrillo gracioso. Eso de los cinco panes y dos peces saciando a una multitud de 5.000 hombres sin contar a mujeres y niños... Hemos de aprender a leer el simbolismo de este y otros relatos. Jesús tendría ante sí un grupo más o menos numeroso de personas a quienes alimenta con la maravilla de la solidaridad de manera que lo poco de cada uno en manos de Jesús llega a todos y aún sobra. Y es que, en aquellos pocos o muchos del desierto, entramos todos los miles y millones de discípulos de Jesús que, poniendo generosa y anónimamente lo que son y tienen, continúan alimentando a muchedumbres necesitadas de palabra y de pan. “Tenía hambre y me disteis de comer. Tenía sed y me disteis de beber”.

6. Tercera estampa: Melquisedec es la sombra de una gran realidad. Los panes multiplicados y distribuidos son el símbolo del regalo maravilloso de la Eucaristía. San Pablo nos dice que Jesús tomó el pan, lo partió y lo entregó a sus discípulos diciendo: Tomad y bebed todos. Esto es mi cuerpo. Esto es mi sangre. Es decir: soy yo quien me entrego a vosotros y por vosotros en el pan y el vino de la Eucaristía.

7. Haced esto que es mi memorial. Repitiendo hoy el gesto de Jesús, actualizamos para nosotros lo que Él ha hecho por nosotros. ¿Y qué ha hecho? Entregarse por nosotros. ¿Cómo? Poniéndose a lavar los pies de sus discípulos tomando la actitud de un servicio con amor. Con esto eleva a la dignidad de Sacramento –signo visible de su presencia invisible– todo lo que a lo largo del día y de la vida hacemos cuando damos nuestro tiempo o lo que sabemos, tenemos y podemos al servicio de los demás, especialmente a los más necesitados. La misa comienza precisamente cuando la misa acaba. En la misa Jesús se nos da sacramentalmente en el pan y el vino que consagramos. Cuando nosotros nos damos a los hermanos, realizamos en la vida ordinaria lo que la Eucaristía significa.

8. Recordar lo que san Pablo nos dice: Como el pan es uno solo, todos juntos –con ser tantos– formamos un solo cuerpo puesto que compartimos el mismo Pan. El Cuerpo de Cristo es la Iglesia. Somos nosotros.

9. En este día Jesús pasa por calles y plazas bendiciendo a las personas y sus espacios de trabajo y ocio. Se complace en vivir entre los hombres y mujeres y en el corazón de los pequeños. Y en cada enfermo y discapacitado o marginado. Tomemos conciencia de que somos sagrario o morada de Jesús. Él en nosotros y con nosotros pasa por nuestras calles haciendo el bien. A través de nosotros, su amor se hace visible y sensible a las personas de nuestro mundo.

10.- En este año sinodal, practiquemos lo que somos: Iglesia en salida. Con nuestra vida acompañemos el paso de Jesús por nuestro mundo.

Tipus recurs pastoral: