Domingo XVI del tiempo ordinario

Cicle: 
C
Temps: 
Durant l'any
Domingo, 17 Julio 2022
P. Jaume Sidera Plana, cmf

Amar a Dios y al prójimo. A la vez

1. Situemos el evangelio de hoy en su contexto, que es el del domingo pasado. El mandamiento que asegura la vida eterna y la plena comunión con Dios es amar a Dios y amar al hermano.  Para explicar quién es el hermano, Jesús cuenta la parábola del buen samaritano que, al ver a un hombre medio muerto por unos bandidos, lo atiende amorosamente, mientras los hombres del templo, un sacerdote y un levita, se hacen el desentendido y pasan de largo.

2. Hay muchos –predicadores y catequistas y personas de acción– que dicen: ¿Ves? Lo dice Jesús: lo importante es hacer bien a los otros. Ir a misa o no ir, ¿qué más da? Y en parte tienen razón: ayudar al prójimo vale más que todos los holocaustos y sacrificios (Mc 12,33). Pero no tienen toda la razón porque no tienen en cuenta la otra mitad del evangelio que dice: Amarás a Dios. Buscad primero el reino de Dios y lo demás viene de añadidura.

3. El domingo pasado Jesús aclaró con un ejemplo el valor del prójimo. Ahora Jesús con el ejemplo de Marta y María aclara el primer aspecto del mandamiento: Ama a Dios sobre todas las cosas... Fijémonos en la primera lectura. Abrahán, después de confiar a Sara que sirva unas rebanadas de pan, que en realidad son un banquete de primera, él se queda de pie, sin comer, junto a los tres invitados, pendiente de cualquier cosa que puedan necesitar.

4. Abrahán y Sara, Marta y María. Marta se desvive por preparar una buena comida a Jesús. No da abasto a toda la tarea. Y se pone nerviosa. Y se molesta al ver a María, a los pies de Jesús, pendiente de su palabra. María ha elegido la parte buena. Nadie se la quitará.

5. ¿Ves? dicen las personas de tendencia mística. Lo importante es orar y contemplar y estar pendiente de la palabra de Jesús. Y es verdad, en parte. Porque en realidad, tan necesaria es la parte primera del mandamiento como la segunda. Tan importante es el buen samaritano como María, tan importante Abrahán como Sara. Ambos son necesarios. Para atender a los hermanos como es debido, el samaritano tiene que estar muy centrado en Dios.

6. Para que la atención al prójimo y la oración tengan sentido, el orante tiene que aprender a mirar a las personas con los ojos de Jesús y amarlas con el corazón de Jesús. De los buenos orantes salen los mejores samaritanos, y de los buenos samaritanos salen los mejores orantes. ¿Ejemplo? Teresa de Calcuta y cualquier religiosa de la caridad. Y no digamos, Jesús.

7. El P. Claret, que era un hombre hiperactivo y extremadamente trabajador, pasaba largos ratos del día orando. Era un místico de la acción. Él quería ser a la vez Marta y María: sirviendo a Jesús y escuchándolo. Como el compás: con una punta clavada en el centro, como María, y con la otra marcando la circunferencia, como Marta. Para que la cruz sea completa, se necesita un palo vertical bien fijo en tierra que aguante con garantías el palo horizontal. Para tener abiertos los brazos y el corazón a todo el mundo, hay que estar bien plantado con los pies en el suelo firme del contacto con Dios. En una palabra: amar a Dios y al prójimo. A la vez.

Tipus recurs pastoral: