Domingo XXI del tiempo ordinario

Cicle: 
C
Temps: 
Durant l'any
Domingo, 21 Agosto 2022
P. Jaume Sidera Plana, cmf

La puerta está hecha a la medida de la persona ligera de equipaje

1. Isaías columbra con gozo el cielo nuevo y la tierra nueva que Dios quiere crear. Todas las naciones de la tierra, de cualquier color o cultura, reconocen al Dios de Israel. Y llegan a ser “misioneras” enviadas a proclamar la gloria del Señor. Incluso acompañan a los israelitas dispersos hasta su país añorado. Más todavía: serán sacerdotes aptos para servir en el templo de Jerusalén. Hasta las “naciones” son pueblo sacerdotal.

2. Entre paréntesis. ¿No habrá ningún Isaías que recuerde que cualquier cristiano pertenece a un pueblo sacerdotal y es llamado a ejercer “el sacerdocio de Cristo”? ¿No podemos aspirar a que la Iglesia escuche el fuerte clamor de una buena parte de cristianos y cristianas respecto al sacerdocio hoy? ¡Qué mejor señal del «cielo nuevo y tierra nueva» que la adoración universal al único Dios sin discriminaciones! (Entre paréntesis: ¿No podríamos interrumpir la homilía para cantar el brevísimo y precioso salmo de la misa de hoy?).

3. Isaías abre las puertas de par en par a todos los pueblos y naciones. Jesús se las abre también. Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al pleno conocimiento de la verdad. Cristo Jesús, hombre él también, se ha entregado a sí mismo para liberarnos a todos. San Pablo se siente beneficiario de ello. Él que perseguía ferozmente a los cristianos, ha sido designado por Jesús, heraldo y apóstol, para instruir a los paganos en la fe.

4. Aun así algunos que se creen salvados hacen a Jesús una pregunta enigmática. ¿Son muchos los que se salvan? Naturalmente, sean pocos o muchos los salvados, yo –que pertenezco al pueblo santo de Israel– entro en el número de los salvados. Evidente.

5. Jesús mantiene abierta a todo el mundo la puerta de la casa. No a un número reducido de privilegiados. Pero a la casa no se entra por el tejado o por la puerta de atrás. Sino por la puerta de delante. Y para colmo es estrecha. Está hecha a la medida de la persona ligera de equipaje. No se puede entrar con una caravana o con una mochila repleta.

6. Y exige un entrenamiento previo, al alcance de todo el mundo, pero imprescindible. Sabéis que, en una carrera, todos corren pero solamente uno recibe el premio. Pues bien, corred de tal modo que recibáis el premio. Los que se entrenan para competir en un deporte evitan todo lo que pueda dañarles. Y lo hacen por alcanzar como premio una corona de hojas de laurel, que en seguida se marchita. Nosotros, en cambio, luchamos por recibir un premio que no se marchita.

7. Hay quienes aspiran a un buen nivel intelectual y social sin trabajar ni estudiar ni privarse de nada. ¿Para qué? Para eso están las puertas giratorias. Otros practicamos el deporte de sofá con un cuenco lleno de palomitas para ir picando. Con las buenas ideas que tenemos nos basta para arreglar el mundo. Pero ¿y cuando lleguemos a la casa del amo? ¡Una sorpresa monumental! No sé de donde sois. ¡No os conozco! ¿Cómo que no nos conoces, si comíamos y bebíamos contigo y seguíamos tus clases por nuestras calles? Pues, no. “No sé de dónde sois”. Cierto. Yo enseñaba por vuestras calles, pero no aprendisteis mi lección de amar al prójimo no con un amor romántico, sino dando de comer y beber y vestido y compañía a quien lo necesitaba. Oísteis el mensaje y habéis continuado en vuestro confortable sofá.

8. Por la rendija de la puerta algunos que se creían con derecho, ven en un reservado del cielo a los patriarcas y a los profetas. Y gente de todas partes sentada a la mesa con ellos. Los que estaban tan orondos por ser del pueblo escogido, se ven excluidos del banquete. No sintonizaron con Dios y con su Mesías. Igual los cristianos: un conocimiento del evangelio que no llegue a la práctica no sirve de nada.

9. El evangelio es buena noticia. Dios nos quiere personas muy humanas, muy libres y muy responsables. Capaces de relacionarnos y de amar como él ama. Nos preparamos para entrar por la puerta estrecha cuando rezamos conscientemente el Padre nuestro. Hijos de Dios y hermanos. El primer premio de este “esfuerzo” es el clima de bondad, alegría y libertad que vamos creando. Iniciamos en la tierra lo que ya es realidad en el cielo.

Tipus recurs pastoral: