Domingo XXIII del tiempo ordinario

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C
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Durant l'any
Domingo, 4 Septiembre 2022
P. Jaume Sidera Plana, cmf

Para seguir tras Jesús, hay que ir ligero de equipaje, sin ataduras que nos frenen

1. Seguramente muchos de los que estamos aquí, se han sentido molestos al oír el evangelio de hoy. ¡Vamos! Para ser buena noticia... Renunciar, dejar, cruz... Renunciar incluso a uno mismo. Pero bien mirado todos los presentes somos lo que somos porque fuimos capaces de renunciar. Toda elección supone una renuncia. Pasar de niño a adolescente, a joven, a persona adulta, a una ancianidad amable supone dejar atrás la etapa anterior. Casarse, seguir una carrera, practicar un deporte de élite, toda elección supone dejar de lado las opciones que no nos convienen por las razones que sean.

2. Hoy mismo leía: Faltan líderes que sepan surfear por encima de las presiones de grupo y no sean esclavos de las fuerzas mediáticas. Muchos gobernantes están mediatizados por las críticas de sus oponentes y no se atreven a tener un discurso propio. Buscan más el aplauso que la verdad, pendientes de las encuestas. Y quien dice gobernante dice cualquier persona con responsabilidad sobre otros. Nos faltan personas libres y soberanas.

3. Jesús sube decididamente hacia Jerusalén. Lo sigue una gran multitud de gente. Quizás husmeaban el glorioso triunfo de Jesús Mesías. No lo sé. Pero Jesús se para y les habla sin ambages: Si alguien quiere venir conmigo y no me ama más que al padre y la madre, que la esposa y los hijos, que los hermanos y hermanas, e incluso que la propia vida, no puede ser discípulo mío. Quien no cargue con su cruz para venir conmigo, no puede ser discípulo mío. Amar a Jesús y decidirlo todo en función de este amor.

4. Como la cosa va de veras, Jesús quiere que el candidato a seguirle se siente a reflexionar. ¿Quieres construir una casa o suscribir una hipoteca o abrazar una carrera o casarte o hacerte cura o monja? Siéntate, toma un cuaderno y calcula el presupuesto. ¿La casa vale? Malo, no llego. ¡Bah! Me decido a construirla y no paso de la mitad. Se me acabaron los euros. ¿Cómo calculé tan mal? Empecé la casa y no puedo terminar. Es el hazmerreír de todo el mundo.

5. Y ahora que hay aires de guerra, quiero conquistar... ¿qué sé yo? El enemigo tiene tanques y aviones y energía atómica. Y yo, pobre de mí... ¿Sabes qué? Hagamos las paces y lleguemos a un acuerdo honorable. Ante un animal grande, una vaca por ejemplo, puedo hacer dos cosas: enfrentarme con ella aunque sea jugando a vaquillas, o bien sentarme y ordeñarla. Hacer de la necesidad virtud.

6. Jesús propone unos ideales magníficos: amor, justicia, paz, libertad. Me da su dignidad de hijo de Dios y cuenta conmigo para crear esta conciencia de filiación y de fraternidad en vistas al cielo nuevo y la nueva tierra. ¿Quieres venir conmigo? Siéntate y haz un presupuesto. ¿Sabes cuál es este presupuesto? La libertad. Sé libre. Jesús es un gran caminante. Él es el Camino. Y para seguir tras Él, hay que ir ligero de equipaje, sin ataduras que nos frenen. Tengo alas para volar, pero tengo un pie sujeto a una argolla. ¿De qué sirven las alas? Jesús nos quiere libres como él. Libres como los pájaros del bosque, listos como las serpientes y sencillos como palomas, confiando en el Padre del cielo que alimenta a los pájaros y viste las flores tan maravillosamente.

7. Jesús nos quiere libres con relación a familia. La familia patriarcal o matriarcal de tantos siglos tiene un gran pósito de amor. Pero también un gran componente de dominio y hasta de violencia afectiva. El padre o la madre determinan qué y cómo han de ser el hijo o la hija. Jesús quiere una familia formadora de personas libres, responsables e independientes. No relaciones de dominio sino de servicio gozoso. De amor y de respeto. Con una vocación personal, que no siempre será comprendida o favorecida por los padres.

8. Libre hasta de ti mismo. Poco a poco y con gran sentido de tu dignidad logras el dominio de ti mismo. Tienes la vida en tu mano para ofrecerla a Jesús y ponerla al servicio de su proyecto de amor. Puedes ser tan humano como Jesús. De modo que puedas decir: Homo sum, humani nihil a me alienum puto: Soy hombre y nada humano me es extraño. Unamuno precisa: Hombre soy y no considero extraño a ningún hombre.

9. Y cargar con la propia cruz: Las propias limitaciones. El servicio a los demás como el buen samaritano. Mantener la opción por Jesús por los pobres, por los pecadores, oponerse al desorden establecido, defender la justicia, pensar con mi cabeza, mirar con mis ojos, amar con mi corazón. No tolerar que nadie piense por mí o me prive de mi libertad. Jesús me quiere libre. Respecto a Dios: es Padre, no un amo exigente. Respecto al prójimo: hablarles de tú a tú, de igual a igual. Son tan hijos de Dios como yo. Ni más ni menos. Somos hermanos. Respecto a las cosas: sentido ecológico. Servirme con medida, sin sentirme esclavo de ellas ni sirviéndolas como ídolos.

10. En resumen. Jesús nos llama a ir tras Él no como borregos que siguen al buen pastor porque sí, sino como personas que son libres con la libertad que el amor da. Dice san Agustín: Dilige et quod vis fac. Ama y haz lo que quieres. Si callas, calla por amor. Si gritas, grita por amor; si corriges, hazlo por amor. Si perdonas, perdona por amor. Ten dentro de ti la raíz del amor. De esta raíz no puede brotar sino el bien.

Tipus recurs pastoral: