Domingo V del tiempo ordinario

Cicle: 
A
Temps: 
Durant l'any
Domingo, 5 Febrero 2023
P. Jaume Sidera Plana, cmf

Al ver el bien que hacéis, conocerán la bondad del Padre del cielo

1. Una frase lapidaria de Plinio el Viejo dice: Nihil esse utilius sale et sole. No hay nada más útil y necesario que el sol y la sal, la luz y la sal. Jesús nos dice que esto tan útil y necesario lo somos los cristianos en el mundo. Somos 1) La sal de la tierra, 2) La luz del mundo, 3) La ciudad en el monte. Casi nada.

2. La sal era antiguamente un bien escaso y caro. Cuando hablamos de salario pensamos en la ración de sal, paga, sueldo... Había la vía salaria, la ruta de la sal como hablamos de la ruta de la seda. Sirve para aliñar. Era también signo de hospitalidad. Antes del bautizo los catecúmenos recibían la sal. Al forastero que llegaba a una casa, le ofrecían pan y sal. Negar el pan y la sal era signo de enemistad. La sal también conserva. Y como conserva, la sal significaba la firmeza de un contrato. Era una alianza sellada con sal (Nm 18,19). Y preparaba para preparar un sacrificio a Dios.

3. Para que la sal haga su efecto se ha de mezclar. Si hay demasiado, malo. Si hay poca, malo también. Solo se conoce cuando falta o cuando sobra. Una pizca de sal obra maravillas. Así tiene que actuar el cristiano. Se tiene que implicar. No puede quedar al margen de la vida cristiana o de la sociedad. Todos conocemos personas muy sencillas y humildes. Parece que no están. Pero cuando se van o se mueren ¡como las echamos de menos! Eran discretas como la sal.

4. Sois la luz del mundo. La luz no sabe que ilumina. Ilumina y basta. De san Juan Bautista, Jesús decía que era una lámpara que ardía y se quemaba. Claridad y discreción también. Pero no se puede esconder. La ponemos en un punto alto para que ilumine. Igualmente ha de resplandecer vuestra luz ante la gente. Entonces, al ver el bien que hace, conocerán la bondad del Padre del cielo.

5. El cristiano que se tome seriamente las bienaventuranzas, sin darse cuenta, es sal y luz. Como que se sabe pobre, no se cree más que nadie. Es de condición suave, dócil; ni arisco ni agresivo; es limpio de corazón, capaz de percibir a Dios y verlo en las personas; luchador en favor de la paz personal, familiar, vecinal, nacional, internacional.

6. Somos todavía otra cosa: una ciudad sobre un monte no se puede camuflar. Jesús pensaba en las ciudades de refugio donde se acogían huyendo de ser víctimas de la venganza quienes habían hecho daño a alguien sin querer. El cristiano es acogedor. Como Jesús: venid a mí... Con tantos refugiados como hay, hoy las ciudades de refugio –los cristianos de corazón abierto y acogedor–, son necesarios como nunca.

7. Merece la pena ser cristiano. Se trata más de ser que de hacer. Si hacemos cosas, pongamos alma y corazón en lo que hacemos. Como Jesús. Como María y José. Como la luz, como la sal, como ciudades sobre el monte.

8. La oración de San Francisco contiene como plegaria lo que somos como cristianos: luz y sal y ciudad de refugio.

Oh, Señor, hazme un instrumento de tu Paz.
Donde haya odio, que lleve yo el Amor.
Donde haya ofensa, que lleve yo el Perdón.
Donde haya discordia, que lleve yo la Unión.
Donde haya duda, que lleve yo la Fe.
Donde haya error, que lleve yo la Verdad.
Donde haya desesperación, que lleve yo la Esperanza.
Donde haya tinieblas, que yo lleve la Luz.

Tipus recurs pastoral: