Domingo XXVI del tiempo ordinario

Ciclo y fecha
Cicle: 
C
Temps: 
Tiempo ordinario
Data : 
Domingo, 29 Septiembre 2019
Tú eres un Dios que hace justicia a los oprimidos

Señor, líbranos
del engaño de las riquezas.
Nos fascinan, nos deslumbran,
nos dejan boquiabiertos,
pero nos impiden ver la realidad:
que hay dolor en el mundo
y que nosotros podemos remediarlo.

Nuestro bienestar nos oculta
la indigencia que padecen tantos hijos tuyos.
Las hermosas canciones
silencian su clamor.
Nos olvidamos de invitarles
a nuestros banquetes,
de compartir con ellos lo que hemos recibido.

Pero, a menudo, preferimos vivir
bajo los efectos de este espejismo,
porque nos da miedo reconocer nuestra debilidad;
que nosotros, por muy bien vestidos que vayamos,
seguimos siendo seres indigentes,
necesitados de salvación.

Los bienes que hemos recibido
no nos aportan
el consuelo que necesitamos.

En cambio Tú eres un Dios
que hace justicia a los oprimidos,
que cuida de los débiles,
que cura a los vulnerables,
que libera a los atribulados.

Gracias por ser un Dios de salvación,
por advertirnos de las trampas
de las riquezas
y mostrarnos el camino de la solidaridad
y de la justicia.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Somos responsables del bien que dejamos de hacer cuando podríamos hacerlo

Dios y Padre nuestro, haznos sentir en el corazón
el clamor que el profeta nos dirige
cuando vivimos tranquilos e insensibles
al sufrimiento de los desfavorecidos de la vida.

Ayúdanos, Padre, a hacer nuestro el deseo
que tú expresas a través del salmo:
que haya justicia para los oprimidos;
que los hambrientos puedan saciarse de pan;
que atendamos a los forasteros y peregrinos,
a las viudas, a los huérfanos y a los presos;
que aprendamos a valorar a quienes hacen el bien,
a los que viven amando a los demás
y ayudan a levantarse a los que han caído.

Que no tengamos como modelos
a quienes viven cómodamente en el egoísmo
olvidando a los pobres y a los que tienen menos.

Haz que seamos conscientes, Padre,
de la responsabilidad que tenemos por el bien
que dejamos de hacer cuando podríamos hacerlo.

Que con sencillez y constancia mostremos
la alegría de servir, la felicidad de compartir,
la plenitud humana de la vida fraterna
y de aceptarte a ti como Padre.

Haznos testigos de aquella humanidad
que vivió tu Hijo Jesús
cuando pasó entre nosotros haciendo el bien.
Así tú reinarás en nosotros,
y nosotros aprenderemos a vivir como hijos tuyos.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Haznos sensibles a las necesidades y dificultades de los que viven a nuestro lado

Señor, ayúdanos a ser justos y piadosos,
y a vivir la aventura de la fe.
Que el amor, la paciencia y la delicadeza
sean nuestro distintivo y que sepamos
dar razón de nuestra fe en la vida ordinaria.

Hoy nos alertas, Señor,
sobre el pecado de omisión.
El rico no hizo nada malo pero no se preocupó
y ni tan siquiera se fijó en el pobre Lázaro.

Líbranos, Señor, 
del derroche y del consumismo sin freno.
Que no pongamos nuestra seguridad
en los bienes.
Haznos sensibles a las necesidades
y dificultades de los que viven a nuestro lado.

Señor, en la parábola de hoy no te limitas
a hacer referencia a las desigualdades
en la distribución de bienes materiales
y en la necesidad de ser solidarios;
nos recuerdas también
la trascendencia de la vida humana.
Nuestra meta es la vida eterna,
el encuentro contigo,
un encuentro que ya se inicia en este mundo.
Quien se apega en las cosas materiales,
se encuentra al final del camino
con las manos vacias. 

"La Missa de cada dia", de l'Editorial Claret
Al servicio de la fraternidad

Señor,
nos recordabas el pasado domingo
que teníamos que ganarnos amigos
haciendo un buen uso del dinero.

Hoy nos dices qué le puede pasar
a quien no atiende a tu consejo:
el rico Epulón es condenado,
no por haber tenido riquezas
sino por haberlas tenido
como un egoísta, sólo para sí,
por «no haberse ganado amigos
a base de la riqueza injusta».

Líbranos del egoísmo,
que nos cierra a tu amor
y a las necesidades de los hermanos. 
Haz que nos convirtamos a la solidaridad
y entremos con decisión al servicio
de esa fraternidad universal
que anunciaste con tu Palabra
e instauraste con tu Resurrección.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Que toda la Iglesia trabaje por la solidaridad

Señor Jesús, decían los cristianos de tu tiempo
que eras amigo de comer y de beber,
como si esto estuviera mal.
Gozar sanamente de las cosa buenas
que tú has creado no puede ser pecado.

Pero sí que lo es revolcarse en el exceso y el lujo
mientras muy cerca hay personas
a quienes falta lo esencial.

Dios ha creado un universo inmenso,
nos ha puesto en un planeta fecundo
y nos ha dado la capacidad de cultivarlo
para que todos puedan gozar
de la felicidad presente y crecer
hacia la felicidad futura que nos tiene preparada en su Reino.

Cerrar los ojos ante el dolor y la indigencia
de nuestros hermanos es una ofensa gravísima
contra tu voluntad amorosa.

Señor Jesús, que toda la Iglesia
y cada discípulo tuyo trabaje por la solidaridad
entre todos los seres humanos,
y que mientras quede un solo muro en el mundo
estemos del lado de los pobres,
de los débiles, de los expulsados.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret