Conmemoración de los Fieles difuntos

Ciclo y fecha
Cicle: 
C
Temps: 
Santoral
Data : 
Sábado, 2 Noviembre 2019
Señor, si Tú estás cerca, no debemos temer nada

Señor, gracias por acompañarnos
en los momentos más difíciles de la vida,
especialmente cuando nos deja alguna
persona a la que amamos
y sobre todo cuando tengamos que cruzar
el barranco de la muerte.

Perdónanos por culparte del mal que sufrimos,
por exigirte que lo soluciones todo,
por desesperarnos al pensar que la muerte
tiene la última palabra.

Si Tú estás cerca, no debemos temer nada.
Tú nos guías por caminos seguros,
tus palabras nos serenan y nos confortan.

Danos fe para creer en tu Resurrección,
el fundamento de nuestra esperanza,
la promesa de una nueva vida.

Que tu Espíritu nos enseñe
a reconocer tu Presencia viva entre nosotros.
Si aprendemos a captar esta nueva forma de existencia,
podremos experimentar que nuestros difuntos
disfrutan de una vida renovada.

Gracias por quitarnos los vestidos de luto,
por secar nuestras lágrimas de tristeza,
por llenarnos de la alegría de tu salvación.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
A la Casa del padre, en compañía

Padre nuestro del cielo,
tu Hijo Jesucristo, nuestro Señor,
«fue crucificado, muerto y sepultado»,
sin que hubiéramos asumido que iba a resucitar.

Hoy recordamos a nuestros difuntos
-los que ya han terminado con su función en la tierra-,
por más que nos duela su separación
y nos cueste entender
el porqué, el cómo y el cuándo de su deceso...
nos queda el consuelo misterioso
de ver que Jesús ya ha atravesado
el oscuro desfiladero de la muerte.

Ante la temible lucha de la agonía
-«dando un fuerte grito, expiró»-,
esto nos da una gran esperanza.
No estaremos solos y desamparados
si él ya ha estado ahí.
Tal vez tenemos incluso la experiencia
de haber palpado la paz suave
de un morir cristiano.

Te pedimos, Padre, confiados en Cristo,
que ayudes y perdones a los fieles difuntos;
que los recibas en tu Casa...
la de nuestro anhelado descanso.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Nuestros difuntos gozan ya de la Vida

Señor, aceptar el sufrimiento
que no podemos remediar
nos ayuda a recordar la finitud de nuestra vida.
Acoge los sufrimientos que nos superan
como en su momento nos acogerás
a cada uno de nosotros.

Señor, hoy recordamos
a los que se fueron,
creemos que de alguna manera
están con nosotros
porque siguen vivos en nuestro corazón.
Su recuerdo nos hace más sencillo
hablar de vida eterna.

Señor, la palabra cementerio
nos recuerda que nuestros difuntos
duermen el sueño de la paz.
Duermen y al igual que Tú
gozan ya de la Vida.
Una vida que traspasa
nuestra capacidad de comprender.

Señor, recuerda a todas las personas
que han perdido a familiares y amigos
en accidentes o atentados.
Dales consuelo y esperanza. 

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
La muerte nos abre las puertas de la beatitud si cumplimos la voluntad del Señor

Gracias, Señor, porque orar por los difuntos
es un bello don que nos has dado.
Es la oración más pura, menos interesada,
y nos devuelve un mar de bendiciones.

Nos hace conscientes del valor infinito
de nuestra vida y de cada vida humana,
y esto nos ayuda a vivir con más consciencia,
con más gozo e intensidad.

Nos ayuda a vencer el miedo irracional,
a creer que el reino de los muertos
no está dominado por fuerzas ocultas
sino por la luz del Dios que es vida.

Nos ayuda a aceptar que, incluso
si nos toca sufrir, sólo será un breve momento
en comparación con la plenitud de vida
que nos espera al otro lado.

Que, como san Francisco,
podamos llegar a alabar al Señor
por la hermana muerte,
que nos abre las puertas de la beatitud
si cumplimos la voluntad del Señor.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
En la resurrección de Jesús nos has dicho cuál es nuestro futuro

Dios y Padre de la Vida,
hoy nos dirigimos a ti bien conscientes
de que eres el amigo y el donador generoso
de la Vida en plenitud,
y que en la resurrección de Jesús
nos has dicho cuál es nuestro futuro. 

También te suplicamos con la certeza
de que están contigo todos aquellos
que ya han recorrido su camino. 

Te damos gracias por la esperanza
que sólo tú puedes ofrecer
y por la comunión que compartimos
contigo y con todos los que están contigo. 

Que esta esperanza
y tu amor misericordioso
llenen el corazón de las familias
que perdieron a alguien en los últimos meses,
sea en nuestra parroquia
o en cualquier lugar del mundo. 

Te pedimos también por los que
ante la muerte no tienen ninguna esperanza.
Por los que no valoran y no respetan
la propia vida y la de los demás
como el bien más importante que tenemos. 

Y por los que no encuentran ningún sentido
a la propia existencia. 

Que nuestra comunidad pueda ayudar
a descubrirte como el Dios de la Vida
y el Padre que abre a todos y para siempre
las puertas de su casa.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret